“Son reacciones contra la emergencia, no existe una estrategia para
contrastar la contaminación”, denuncia Lorenzo Parlati, en la sede
romana de la asociación Legambiente. “Por ejemplo –argumenta - 17 mil
plazas de aparcamiento de pago, de las 90 que hay en el centro, pasaron a
ser gratis. Y cuando debes pagar, el coste es de un euro por hora y con
4 euros puedes dejar el coche 8 horas: un chollo que fomenta la
utilización de los vehículos hasta dentro el casco antiguo”.
Además del tráfico que generan los propios romanos – para los cuales
coger un autobús es una especie de tortura, acostumbrados a llegar hasta
la puerta de cualquier sitio en moto o en coche – hay otra
preocupación, en una ciudad que cuenta 22 millones de visitantes al año:
“La administración ha vuelto a abrir el centro a los autobuses
turísticos, que antes debían aparcar fuera. Ha instituido 15 áreas donde
pueden esperar, en plena zona monumental, por ejemplo a lo largo de la
calle de la Conciliazione, frente a San Pedro, o detrás del Coliseo,
donde llega uno cada 30 segundos”.
El antiguo Anfiteatro Flavio atraviesa una época difícil: tienen que
arrancar la restauración, ahora bloqueada por un juicio, y las obras
para una tercera línea de la metropolitana. “Los andamios van a reducir
el espacio disponible entre el Coliseo y la actual estación – considera
Legambiente – El ayuntamiento no va a desviar el tráfico, sino que ha
pensado en reducir las aceras”. La asociación abrió una petición
“Salvemos el Coliseo” del tráfico, que se puede firmar en Avaaz

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