Cuando llega la primavera en Feroe las aguas del mar se tiñen de rojo
por la sangre de estos animales. Los jóvenes festejan su madurez
asesinando a entre 1.000 y 2.500 delfines al año. Pero no se trata sólo
de una travesura, sino de una celebración en la que participa toda la
isla. Usando tartanas acorralan un banco de delfines en la bahía y
empiezan a matarlos harponeando. Los animales no mueren al instante,
sino que sufren una agonía durante la que gritan emitiendo sonidos
parecidos a los de los niños.
A pesar de la crueldad que representa, la tradición es aceptada por los
locales porque la industria pesquera es el principal soporte económico
de la isla y el delfín constituye una cuarta parte del consumo total de
carne en la zona.
Las organizaciones internacionales y las fundaciones de protección de
los animales dirigieron una petición al Gobierno danés, al Consejo de
Europa y a la administración de la isla exigiendo poner fin a la masacre
de delfines, pero no ha habido ninguna respuesta.
El mismo rito por los mismos motivos se celebra también en Japón. Los
pescadores aseguran que los delfines acaban con la pesca debido a su
alto consumo de pescado, mientras que los ecólogos dicen que la carne de
este animal contiene mercurio y por eso su consumo es nocivo.
Los delfines, una de las especies más amistosas con los seres humanos,
suelen acercarse a la costa, motivo por el cual es sencillo para los
adolescentes matarlos.

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