jueves, 20 de octubre de 2011

Opinión: El campo "mola"


Hubo un tiempo en que cualquier cosa que tuviera que ver con el campo… no se llevaba. Un poco más allá de la transición… todos teníamos que ser modernos, petardos, noctámbulos, amanerados, despreocupados… Eran los tiempos en que triunfaban, entre otros, los Pegamoides, el Aviadro Dro y sus Obreros Especializados y el inefable Tino Casal.
ECOticias
Nuestros cortes de pelo debían ser cibernéticos y nuestras ropas, de plexiglás. El mundo entero estaba enterrado en un bote Colón y, si no eras almodovariano, no tenías ningún futuro. Había que pelegrinar a Rock-Ola periódicamente y a Londres. Y se llevaban los colores fríos, los metales y la vida urbana.
Pero los tiempos cambian que es una barbaridad. Ahora, si te ven con tierra en los zapatos… ya no pasas a engrosar la lista negra de la modernidad, peor aún que la de los morosos. Quien más quien menos, todo el mundo ahora quiere tener su huerto. E incluso algunos famosillos presumen de tener un gallinero en sus chalés. Ir con un capazo lleno de verduras por la calle no sólo no desprestigia a nadie sino que es sexy entre los neorrurales. Como esto siga así, pronto Alaska montará su huerto urbano en la terraza y Fabio McNamara titulará su nuevo disco: “De ‘mariclón’ a pastor”. Pastor, sí, pero de ovejas, no de almas, porque, al fin y al cabo, entre ser ídolo de la modernidad y cura hay muy pocas diferencias.
Algunos dicen que todo esto es una moda y que pasará pronto, también. Yo creo que se equivocan. Y mucho. Porque, entre otras cosas, cuando te acostumbras a comer en salud, a tener contacto con la tierra, a notar cómo el agua del riego te corre por los pies, a llegar al huerto y observar el microecosistema que vive en él, a degustar frutas y verduras como las que ya no se venden (excepto en las tiendas ecológicas)… eso no se puede cambiar de la noche a la mañana. Uno se apega a eso como el bebé que se agarra al pezón de la madre. Se crea un vínculo entre el hortelano y la tierra y sus frutos que es un vínculo para toda la vida. Como dice mi buen amigo Bigas Luna: “Si quieres ser feliz un día, emborráchate. Si quieres ser feliz una semana, cásate. Pero si quieres ser feliz durante toda la vida, planta un huerto”. Ahora, nos levantamos a la hora en que antes nos acostábamos. No hay nada que lamentar. Cada cosa tiene su momento, y cada momento tiene su cosa.

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