Hubo un
tiempo en que cualquier cosa que tuviera que ver con el campo… no se
llevaba. Un poco más allá de la transición… todos teníamos que ser
modernos, petardos, noctámbulos, amanerados, despreocupados… Eran los
tiempos en que triunfaban, entre otros, los Pegamoides, el Aviadro Dro y
sus Obreros Especializados y el inefable Tino Casal.
ECOticias
Nuestros cortes de pelo debían ser cibernéticos y nuestras
ropas, de plexiglás. El mundo entero estaba enterrado en un bote Colón
y, si no eras almodovariano, no tenías ningún futuro. Había que
pelegrinar a Rock-Ola periódicamente y a Londres. Y se llevaban los
colores fríos, los metales y la vida urbana.
Pero los tiempos cambian que es una barbaridad. Ahora, si te ven con
tierra en los zapatos… ya no pasas a engrosar la lista negra de la
modernidad, peor aún que la de los morosos. Quien más quien menos, todo
el mundo ahora quiere tener su huerto. E incluso algunos famosillos
presumen de tener un gallinero en sus chalés. Ir con un capazo lleno de
verduras por la calle no sólo no desprestigia a nadie sino que es sexy
entre los neorrurales. Como esto siga así, pronto Alaska montará su
huerto urbano en la terraza y Fabio McNamara titulará su nuevo disco:
“De ‘mariclón’ a pastor”. Pastor, sí, pero de ovejas, no de almas,
porque, al fin y al cabo, entre ser ídolo de la modernidad y cura hay
muy pocas diferencias.
Algunos dicen que todo esto es una moda y que pasará pronto, también.
Yo creo que se equivocan. Y mucho. Porque, entre otras cosas, cuando te
acostumbras a comer en salud, a tener contacto con la tierra, a notar
cómo el agua del riego te corre por los pies, a llegar al huerto y
observar el microecosistema que vive en él, a degustar frutas y verduras
como las que ya no se venden (excepto en las tiendas ecológicas)… eso
no se puede cambiar de la noche a la mañana. Uno se apega a eso como el
bebé que se agarra al pezón de la madre. Se crea un vínculo entre el
hortelano y la tierra y sus frutos que es un vínculo para toda la vida.
Como dice mi buen amigo Bigas Luna: “Si quieres ser feliz un día,
emborráchate. Si quieres ser feliz una semana, cásate. Pero si quieres
ser feliz durante toda la vida, planta un huerto”. Ahora, nos levantamos
a la hora en que antes nos acostábamos. No hay nada que lamentar. Cada
cosa tiene su momento, y cada momento tiene su cosa.

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