“Tiene
mejores propiedades que la frutilla roja. Incluso algunos de nuestros
investigadores han detectado que posee compuestos que podrían ser muy
buenos anticancerígenos”, explica.
ECOticias.
Cuentan que cuando los soldados españoles atraídos por el
delicioso perfume de las frutillas blancas se agachaban a recolectarlas,
los guerreros mapuches aprovechaban el momento para atacarlos. Más allá
de lo anecdótico de este relato, lo cierto es que quienes conocen el
fruto coinciden que es muy difícil permanecer indiferente a su tentador
aroma. La especialista del Instituto de Biología Vegetal y Biotecnología
de esta Universidad, Alejandra Moya, lleva más de cinco años
investigando el ciclo de vida y propiedades de este desconocido
producto, cuyos atributos, asegura, son prometedores.
“Tiene mejores propiedades que la frutilla roja. Incluso algunos de
nuestros investigadores han detectado que posee compuestos que podrían
ser muy buenos anticancerígenos”, explica.
Otra ventaja significativa de este fruto es la gran resistencia
frente a las plagas. “En el campo esta planta es mucho más resistente a
una serie de infecciones, de manera que en el manejo hortícola se usan
menos agroquímicos y, por lo tanto, se puede vender como un producto más
natural”, indica.
Si bien estas características permiten que el producto alcance un
buen valor comercial en el exterior, su breve tiempo de producción y lo
limitado de ésta dificultan su venta. “No tenemos volumen para exportar
porque te piden toneladas”, dice.
“En el año son tres o cuatro semanas máximo de alta producción.
Además, es más blanda que la frutilla comercial, que es la ananasa —la
clásica frutilla roja— que ha sido de alguna manera seleccionada para
ser más firme y tener una post cosecha más larga. Pero como ésta es mas
natural, no ha sido mejorada genéticamente y cuando está madura es mucho
más blanda que la ananasa. Por lo tanto, su vida post cosecha también
es más corta”, detalla la profesora Alejandra Moya.
Perfil Genético
Durante su investigación, Moya ha ido descifrando los secretos de
este exótico fruto. “Nuestro énfasis ha sido hacer preguntas bien
básicas, o sea, qué aromas produce, cómo se produce, qué genes están
involucrados, cómo se regula la expresión de este gen y buscar los que
participan en su ablandamiento. Ya tenemos la batería de genes, sabemos
su timing, y lo que tenemos que buscar ahora es un programa de
mejoramiento genético”, comenta la científica.
En este sentido, precisa que los esfuerzos están centrados en mejorar
la calidad, condición de post cosecha y color de la frutilla blanca.
“Puedes tener un fruto de muy buena calidad pero no las condiciones adecuadas para preservar esa condición. Lo que queremos es tratar de definir lo que es calidad, que es tremendamente variable dependiendo del mercado a donde vayas, y además buscar una especie de nicho donde poder colocar esta frutilla y tratar de comercializarla en las mejores condiciones”, señala.
Con ese objetivo se están haciendo cruzas y evaluando a las progenies para buscar aquellas de mejor condición.
“La idea es buscar en la progenie individuos que tengan alguna
característica que sea más importante y que permita que el fruto se
ablande más lento, de manera que puedan tener una vida post cosecha más
larga”, afirma.
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