Medio millón
de pymes europeas se podrán beneficiar del proyecto “·LCA togo”, una
herramienta que les permitirá realizar fácilmente el Análisis del Ciclo
de Vida (ACV) para mejorar el rendimiento ambiental de los productos y
servicios.
ECOticias.
Hasta el momento, las pymes se veían limitadas a realizar el ACV
–un requisito cada vez más demandado por grandes compañías que lo
incorporan a su política de responsabilidad social corporativa- por
factores como la gran cantidad de información requerida, los costes y
los conocimientos necesarios para llevar a cabo el estudio.
En concreto, “LCA togo” está concebido para ser utilizado en las
industrias del plásticos basados en materias primas renovables,
maquinaria industrial, electrónica, energía renovables, sensores y textiles inteligentes.
El proyecto, en el que participan siete centros tecnológicos, se
centra en la creación de herramientas sencillas orientadas a la realidad
de las pymes, de forma que puedan dar una rápida respuesta a las
demandas de los cliente y, sobre todo, a la cada vez más compleja
regulación ambiental.
Metodologías de ACV sectoriales
El proyecto “LCA togo” dispone de un enfoque claramente sectorial,
considerando aquellos sectores que mostrado un gran interés por reducir
su impacto ambiental y mostrar sus clientes los beneficios que
conlleva.
Los métodos se testearán a través de siete estudios sectoriales
incluyendo proveedores, fabricantes y empresas de ingeniería, prestando
especial atención a las conexiones intersectoriales. Asimismo se prevé
que un total 100 PYMEs prueben las herramientas desarrolladas para
comprobar su idoneidad.
Así, se espera que los resultados de “LCA togo” tengan impacto sobre
más de medio millón de pymes europeas que podrán mejorar sus procesos.
Asimismo la experiencia contribuirá al apoyo en actividades de
estandarización, así como apoyar al desarrollo de recomendaciones sobre
políticas europeas en materia de medio ambiente.
La experiencia de la empresa Valsay
La empresa navarra Valsay es una de las participantes en el proyecto.
Para esta firma es vital conocer de antemano el mercado del futuro y
sus exigencias. Algo que resumen como “no pensar en verde; ser verde”. Para
ello hay es preciso realizar una reflexión estratégica sobre cómo
aportar productos y servicios sostenibles y, por tanto, mejorar la
gestión medioambiental a través de la innovación y la creatividad.
Valsay razona su participación en LCA togo convencidos de que
mejorará su competitividad y posicionamiento, ya que además podrá
comparar resultados y compartir información con partners de otros países
y, cómo señala la empresa, “genera conocimientos impensables si lo
hiciéramos sólos”.
La participación de Valsay en LCA togo se extiende a cinco de las
ocho fases del proyecto, incluyendo el informe técnico sobre
bioplásticos y su manufactura. También realizará la implementación de la
herramienta web y comprobará su funcionamiento para, con posterioridad,
aplicarla a un proceso de ecodiseño.
Para Valsay la metodología para realizar el ACV permite realizar todo
el proceso de diseño sin volver a fases anteriores. Con ello se
consiguen ahorros energéticos, de material, de embalajes y de huella de
carbono. Igualmente ayuda a encontrar materiales sostenibles.
Otro de los beneficios que apunta Valsay es que la metodología de la
ACV implica a toda la organización, por lo que permite incorporar
distintos puntos de vista. Todo ello aporta un conocimiento que puede
usar toda la organización en el desarrollo de nuevos productos y es una
potente herramienta de motivación.
Valsay también cita como ventajas la implantación de políticas
medioambientales en la empresa; el apoyo a los sistemas de gestión
medioambiental y la disminución del transporte.
Proveedores y clientes mejoran la valoración de la empresa. Los
consumidores valoran el esfuerzo y se valora el esfuerzo realizado
respecto a otros productos de la competencia. El prestigio social mejora
al asociar la marca a las buenas prácticas medioambientales.
7 países y 18 socios
En “LCA togo” participan centros de investigación de Alemania,
Austria, Polonia, Holanda, Taiwan, Reino Unido y España. El proyecto
tiene una duración de cuatro años y un presupuesto de 5 millones de
euros. En total participan 18 socios entre empresas y centros de
investigación.
ITENE aporta al equipo su acreditada experiencia en el cálculo del
impacto medioambiental de las actividades industriales, como demuestra
el hecho de haber creado la primera Oficina de Huella de Carbono en
España.
El proyecto cuenta con el apoyo financiero del 7º Programa Marco de
la Unión Europea bajo el convenio de subvención n° 265096, y está
cofinanciado por el Instituto de la Pequeña y Mediana Industria de la
Generalitat Valenciana (IMPIVA) y los Fondos FEDER dentro del Programa
de Ayudas a la I+D dirigidas a los institutos tecnológicos 2011 con
expediente IMDEEA/2011/67.

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