AEBIOM, la
Asociación Europea de la Biomasa, apoya a la Comisión Europea en su
esfuerzo por introducir una tasa al CO2 basada en la vigente Directiva
de Fiscalidad Energética y urge a los Estados Miembros a considerar
seriamente la propuesta de la CE. Con la implantación de una tasa al CO2
se logrará reducir las emisiones y aumentar la eficiencia energética, y
también incrementar de forma significativa el montante presupuestario
de los estados.
ECOticias.
En un momento como el actual, en el que los estados europeos
buscan cómo fortalecer sus presupuestos y aumentar la confianza de los
mercados financieros, una tasa al CO2 se presenta como una medida muy
adecuada. “Los Estados Miembros (EM) de la UE no necesitan esperar a
una nueva directiva sobre fiscalidad energética para introducir esta
tasa. Pueden actuar, y así deberían hacerlo, ya mismo”, expone Gustav Melin, presidente de la Asociación Europea de la Bioenergía (AEBIOM).
La UE-27 emitió más de 4.600 millones de toneladas de CO2 en 2009. La
mitad más o menos de las emisiones de la UE se compensan dentro del
Régimen de Comercio de Emisiones (válido para plantas de más de 20 MW).
La propuesta de la Comisión Europea (CE) de revisar la Directiva sobre
Fiscalidad Energética vigente e introducir una tasa de carbono de 20
€/ton de CO2 en la UE afectaría a todas las instalaciones de menos de 20
MW. La CE estima que para 2020 la propuesta cubriría 92 millones de
toneladas, más de 1/3 del esfuerzo necesario para reducir las emisiones
de GEI que quedan fuera del Régimen de Comercio de Emisiones.
El Secretario General de AEBIOM, Jean-Marc Jossart, destaca que los
modelos de simulación muestran que esta reducción de emisiones puede
lograrse con un coste muy reducido o incluso generando pequeños
beneficios económicos.
La tasa de carbono aporta otras muchas ventajas adicionales:
- Promueve la eficiencia y el ahorro energético;
- Reduce la dependencia de los combustibles fósiles importados y estimula la inversión y el uso de fuentes locales de energía renovable;
- Establece el principio de “quien contamina paga” y tiene un impacto directo en los precios y por tanto en el comportamiento del consumidor, que en el futuro podrá tomar decisiones de inversión más acertadas. En este sentido, los costes medioambientales (costes externos) se internalizan y se convierten en una parte más de los costes de las actividades contaminantes.
“Todo ello contribuirá a la creación de miles de empleos y
oportunidades de negocio en las economías que ahora mismo se encuentran
en dificultades”, añade Gustav Melin.
Es un derroche que muchas viviendas dependan de los combustibles
fósiles para calentarse. Como consecuencia de la escasez de reservas de
estos combustibles y la consiguiente subida de precios vamos a ver más
pobreza energética en el futuro. Si queremos evitarlo, es necesario
iniciar cuanto antes el cambio a un sistema energético más sostenible.
Parte de los ingresos obtenidos de la aplicación de la tasa de carbono
pueden dedicarse a aliviar la pobreza energética. Por ejemplo, Suecia ha
reducido el impuesto sobre la renta en 7 billones de euros entre 2007 y
2010.
La tasa provoca un incremento de costes a aquellos consumidores y
empresas que usan energía fósil en grandes cantidades o de forma
ineficiente. Pero al mismo tiempo ayuda a rentabilizar las inversiones
para reducir costes energéticos: aislamiento, mejores ventanas, o
sustitución de sistemas de calefacción a carbón, gasóleo o gas a otros
que utilicen biomasa, tanto en sistemas comunitarios como individuales.
”La aplicación de la tasa de CO2 podría utilizarse para reducir
los costes de contratación de trabajadores de las empresas, así
podríamos facilitar la creación de empleo sin subir la carga general
impositiva. Solicitamos al nuevo Gobierno la aplicación inmediata de
esta tasa”, afirma Javier Díaz, Presidente de la Asociación
Española de Valorización Energética de la Biomasa, que ostenta la
Vicepresidencia de AEBIOM.
Si consideramos Europa como un todo, la tasa de carbono es necesaria
para reducir sus emisiones de GEI desde una perspectiva de mercado: pone
un precio al CO2 generado en todos los ámbitos de la sociedad hasta
ahora situados al margen del régimen de comercio de emisiones y crea una
condiciones de igualdad de juego para todos los sectores.
La tasa de carbono ya está introducida y funciona con éxito en países
como Suecia, Finlandia, Dinamarca, Eslovenia e Irlanda. En lugar de
oponerse a ella, otros Estados Miembros de la UE deberían buscar la
manera de introducirla en sus respectivos países.
AVEBIOM es la Asociación Española de Valorización Energética de la
Biomasa; tiene 185 socios que generan un volumen de facturación de 3.000
millones de euros y 8.500 empleos. En la actualidad ostenta la
vicepresidencia de AEBIOM, la Asociación Europea de la Biomasa.

No hay comentarios:
Publicar un comentario