En el mundo moderno, se considera que la deforestación provoca cerca
del 18% de las emisiones de dióxido de carbono. Expertos opinan que
frenar la pérdida de bosques sería una de las formas más baratas y
efectivas de reducir la emisión de los gases de efecto invernadero.
En los últimos años Brasil, país donde se produjeron pérdidas
gravísimas de los bosques de la Amazonía, que representa el 70% de la
región sudamericana, tuvo cambios positivos en el problema de la
deforestación. El país, ante de la Cumbre sobre el cambio climático de
2009, presentó un ambicioso compromiso para reducir la tala de especies
nativas en un 80%.
Las medidas dan sus frutas. Nuevas tecnologías, tales como el monitoreo por satélite, ayudan a vigilar los bosques. Además, las organizaciones no gubernamentales lograron provocar el rechazo
a la comprar por parte de empresas de países desarrollados de productos
-madera o soja- que no estén certificados como procedentes de zonas no
deforestadas.
El Instituto Nacional de Investigaciones Espaciales (INPE) revela que
en 1988 se talaron 21,050 kms. cuadrados; en 2005, 19,014 kms
cuadrados; mientras que en 2010, disminuyó la tala a menos de 7.000 kms.
cuadrados. En diciembre de 2010, un informe gubernamental brasileño
había situado la deforestación en la Amazonía en su nivel más bajo de
los últimos 22 años.
El polémico Código Forestal
Sin embargo, este año por el INPE informó que la deforestación casi se
sextuplicó temporalmente en Brasil desde marzo-abril de 2011 en relación
con el mismo período de 2010, pasando desde 103 kilómetros cuadrados a
593 kilómetros cuadrados. El brusco aumento podría estar relacionado con
el debate este año sobre un nuevo Código Forestal, que posiblemente
incluiría ciertas amnistías para la deforestación.
La reforma del Código Forestal fue propuesta por el Gobierno del país y
cuenta con el apoyo de la industria agropecuaria. Las nuevas normas
proponen que las áreas de selva protegidas en propiedades privadas en la
Amazonía, que equivalen hoy al 80 %, se reduzcan a un 50 % del terreno.
Asimismo plantea que las zonas protegidas a la vera de los ríos, que
actualmente suponen una franja de 30 metros a cada lado, pasen a ser de
solamente 15 metros.
Pero el punto que más discusiones generó es el que permite la
regulación de la deforestación para todos los hacendados que habían
violado las leyes actuales, que desforestaron donde estaba prohibido y
mantienen en esas zonas su actividad agropecuaria. Las ONG y los
opositores al Código califican a esta medida como una “amnistía”. Los
que apoyan la ley responden que los agricultores, sin embargo, serán
obligados a reforestar.
El desarrollo contra la conciencia ecológica
Brasil, la potencia emergente, experimenta un marcado crecimiento
económico. Actualmente, un cuarto de toda la producción mundial de soja
procede de Brasil, el país también es uno de los mayores productores de
carne, café y otros bienes agrícolas. Se construyen centrales
hidroeléctricas en la Amazonía (lo que enfrenta protestas de los
indígenas y activistas medioambientales), se van a explotar reservas de
petróleo submarinas, que -según Greenpeace- podrían convertir al país
sudamericano en el "tercer mayor contaminador del mundo".
De acuerdo a las palabras de la presidenta Dilma Rousseff, citadas por
AFP, "tal vez seamos el único país del mundo que tiene condiciones de
ser potencia agrícola y energética sin dejar de ser una potencia de
biodiversidad y de respeto al medio ambiente". Sin embargo, los
activistas medioambientales se reúnen en protestas para pedir que no
destruyan los bosques y exigir que la jefa de Estado vete el proyecto si
es aprobado por el Congreso.
El Gobierno insiste en una visión “realista”: el antiguo código,
vigente desde 1965, dejó fuera de la ley a muchos hacendados, no se
puede seguir luchando con la deforestación ilegal utilizando métodos
como las redadas del Ejército. Se necesita regular la situación actual,
favoreciendo uno de los sectores más avanzados que es la agricultura,
opinan los partidarios de las nuevas normas, agregando que, de todas
maneras, no se puede restaurar lo perdido.
Los ecólogos objetan que en caso de la aprobación de la ley, una zona
de la selva equivalente a la superficie del Perú, podría quedarse sin
protección.
El polémico Código Forestal ya fue aprobado en la Cámara de Diputados
por una aplastante mayoría y se espera que este martes sea votado en el
Senado brasileño.

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