Impactante resulta ser la
contaminación de una de las fuentes energéticas más utilizadas en
Chile: las termoeléctricas. En una década aumentó la emisión de CO2 en
160%, según Pacífic Hydro en conjunto con el Programa de Gestión y
Economía Ambiental (Progea) de la Fundación para la Transparencia de la
Universidad de Chile.
Esta medición sólo corresponde a lo emitido por el Sistema Interconectado Central en donde se sumaron 88 centrales termoeléctricas.
Esto resulta preocupante, por decir lo menos, cuando tomamos en cuenta
que la composición del SING (Sistema Interconectado del Norte Grande) es 99,6% Termoeléctrico y 0,4% hidroeléctrico.
Respecto al SIC (Sistema Interconectado Central) su estructura es 44% Hidroeléctrico, 52% termoeléctrico y sólo un 4% de Energías Renovables No convencionales.
Esta
situación se agravó en 2000 por los cortes del suministro de gas desde
Argentina, y la dependencia energética que nos hace vulnerables ante
las variaciones en el precio de los hidrocarburos en el mundo.
La
alta demanda de energía es por las actividades relacionadas con la
minería, y no por una creciente demanda de energía domiciliaria, es en
este punto cuando se hacen imperativas las iniciativas de Net Metering, que
ya fue aprobada en el Congreso. Por medio del Net Metering cualquier
persona de a pie que utilice energías renovables no convencionales
(biomasa, hidráulica, geotérmica, solar, eólica, maremotriz y otros que
determine en su momento el Ministerio de Energía) para la generación de
electricidad doméstica, y que tenga excedentes, podrá inyectarlas,
contribuyendo a diversificar las fuentes de abastecimiento de energía en
los sistemas eléctricos.
Con esto
podríamos frenar la aparición de más y más termoeléctricas, amparadas
en la ausencia de políticas energéticas que vayan de acuerdo a lo
requerido por el país, y que no afecten el medio ambiente ni la vida de
las personas.
La contaminación por
mercurio del mar chileno, se debe, con alta probabilidad, a las
centrales térmicas de carbón y la actividad minera, pues ambas liberan
la mayor cantidad de mercurio al medio ambiente, lo que ha puesto al 30% de atunes y albacoras sobre la norma de niveles de metales pesados en su composición.

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