Hoy se celebra el Día Mundial de los Humedales, que pretende llamar la atención sobre la precaria situación que en todo el mundo atraviesan estos lugares. La
agricultura intensiva e industrial, la contaminación, el desarrollo
urbanístico y el cambio climático han hecho que más de la mitad de los
mismos hayan desaparecido ya. Las áreas húmedas o pantanosas
(no confundir con los mal llamados pantanos al referirse a embalses
artificiales de agua) eran consideras zonas insalubres que debían ser
saneadas y desecadas. Y así se hizo durante décadas incluso con ayuda de
las Administraciones.
Julio Barea
Sin embargo, en nuestro país todavía tenemos que seguir hablando de humedales en peligro de desaparecer. Ni los parques nacionales, máxima figura de protección ambiental en nuestro país, se libran de la amenaza. Vergonzantes son los casos del Parque Nacional de Doñana o el Parque Nacional de las Tablas de Daimiel. Este último en estado agónico, hace apenas dos años, sin agua (decenas de miles de pozos ilegales roban el acuífero que las alimenta) y parcialmente devorado por la combustión de su suelo vegetal. La situación de Doñana tampoco es mejor, pues se encuentra cercada por cultivos voraces de agua, pesticidas y fertilizantes.
A pesar de las medidas que se toman para salvar estas dos joyas de la biodiversidad ibérica y los millones de euros dedicados a ello, la contaminación, el uso intensivo del territorio, el abuso y robo del agua, hacen difícil su supervivencia. Ayer mismo el nuevo ministro de Agricultura, Alimentación y Medio Ambientes anunciaba la elaboración de un nuevo Plan Hidrológico Nacional. Otro más. Otro plan que intentará contentar y dar agua para todos los que la pidan. Y como siempre humedales, ríos y acuíferos serán los que pagarán los despropósitos y excesos de quienes poco o nada interesa el medio ambiente, si no es para hacer negocio con él.

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