Identificar de
forma automática animales e insectos a partir de rastros orgánicos
hasta hace poco imposibles de diferenciar, como telarañas o alas
perdidas por las abejas, es un sueño que comienza a hacerse realidad
merced a la aplicación a la biología de avanzadas tecnologías
informáticas.
Se trata de sistemas capaces de captar y procesar informaciones de la
vida animal tradicionalmente inaccesibles al hombre y que, además,
pueden liberar a los biólogos de tediosas labores de campo que llevan
días de trabajo, como ver horas y horas de grabaciones de vídeo para
obtener unos pocos datos parciales, explica a Efe el investigador de la
Universidad de Las Palmas de Gran Canaria (ULPGC) Carlos Travieso. Miembro del Instituto para el Desarrollo Tecnológico y la Innovación en Comunicaciones de la ULPGC, Travieso comenzó unos años atrás a aplicar al estudio de la biodiversidad programas que previamente había desarrollado en el campo de la biometría humana, mucho más trabajada y avanzada en todo el mundo, alcanzando logros que han despertado interés internacional.
El mayor de ellos ha sido, de momento, una tecnología que determina qué especie de araña ha estado en un lugar a partir del dibujo de la tela que ha tejido, aunque el insecto no esté ya en la zona, que ha dado resultados contrastados y verificados con ejemplares de Costa Rica y ahora se va aplicar en Reino Unido.
Peticiones de fuera
Tan innovador ha sido su avance, desarrollado en el marco de uno de
varios proyectos de investigación que lleva a cabo con instituciones
científicas de Costa Rica, que ya ha recibido peticiones desde la
Universidad de Oxford para poder aplicar también su tecnología al
estudio de las arañas británicas.
Y, entretanto, Travieso, que precisa que su tarea se basa en "trabajar con los biólogos para averiguar qué es lo que ellos ven importante para tratar de cuantificar y darle números" a través de la informática, tiene entre manos otros planes diversos, entre los que destaca uno que busca identificar a cada especie de abeja a partir de la textura del ala.
Proyecto del que subraya su relevancia porque las abejas también "son unos insectos muy importantes, ya que hacen la polinización del 70 % de toda la flora y gracias a esa polinización se pueden tener frutos o generar semillas para que luego se sigan manteniendo las especies vegetales".
"La labor de las abejas, desde el punto de vista de conservación de la biodiversidad, es fundamental", sentencia.
Y añade que esa misma premisa le ha llevado a iniciar otro estudio, el de un ácaro microscópico que ataca los huevos de las abejas y les produce daños que generan malformaciones en las crías.
Este fenómeno se considera una amenaza relevante en un contexto en el que "las poblaciones de abejas están descendiendo y no se sabe cuál es la causa de ello, si es la cantidad de ondas electromagnéticas que existen ahora mismo o la propagación de enfermedades que, debido a la globalización, están llegando a hábitats donde antes no las había".
Travieso recalca que estudiar problemas como esos requieren, en todo caso, de largas sesiones de trabajo si se hacen por métodos tradicionales, pues la labor consiste en captar lo que ocurre con microcámaras de vídeo que hay que apuntar a pequeñas celdas de panales de abejas para obtener grabaciones de diez o quince horas diarias que luego hay que ver y analizar.
Y, entretanto, Travieso, que precisa que su tarea se basa en "trabajar con los biólogos para averiguar qué es lo que ellos ven importante para tratar de cuantificar y darle números" a través de la informática, tiene entre manos otros planes diversos, entre los que destaca uno que busca identificar a cada especie de abeja a partir de la textura del ala.
Proyecto del que subraya su relevancia porque las abejas también "son unos insectos muy importantes, ya que hacen la polinización del 70 % de toda la flora y gracias a esa polinización se pueden tener frutos o generar semillas para que luego se sigan manteniendo las especies vegetales".
"La labor de las abejas, desde el punto de vista de conservación de la biodiversidad, es fundamental", sentencia.
Y añade que esa misma premisa le ha llevado a iniciar otro estudio, el de un ácaro microscópico que ataca los huevos de las abejas y les produce daños que generan malformaciones en las crías.
Este fenómeno se considera una amenaza relevante en un contexto en el que "las poblaciones de abejas están descendiendo y no se sabe cuál es la causa de ello, si es la cantidad de ondas electromagnéticas que existen ahora mismo o la propagación de enfermedades que, debido a la globalización, están llegando a hábitats donde antes no las había".
Travieso recalca que estudiar problemas como esos requieren, en todo caso, de largas sesiones de trabajo si se hacen por métodos tradicionales, pues la labor consiste en captar lo que ocurre con microcámaras de vídeo que hay que apuntar a pequeñas celdas de panales de abejas para obtener grabaciones de diez o quince horas diarias que luego hay que ver y analizar.
Emisión de informes
Con las innovaciones que él y sus compañeros han conseguido al
automatizar todo el proceso, esa es una tarea que hacen las máquinas,
que registran y analizan lo grabado y emiten luego informes al respecto
que el biólogo solo tiene que leer, expone.
El informático insiste en que "todo este conocimiento que se está generando contribuye a la conservación de la biodiversidad", aunque opina que el avance es lento porque no se destina más dinero a investigar en ese campo al no verse en él intereses económicos que compensen la inversión.
"Desgraciadamente, hasta que no estemos en un punto crítico creo que no se van a invertir más fondos en este tipo de investigación" a pesar del debate que existe sobre el cambio climático y las amenazas que implica, señala.
Y lo hace desde el parecer de que sus tecnologías serían aplicables a mejorar la vida de otras especies, como reptiles o murciélagos, pero también de que muchos proyectos no se podrán acometer por falta de fondos, ante los recortes derivados de la crisis. EFE
El informático insiste en que "todo este conocimiento que se está generando contribuye a la conservación de la biodiversidad", aunque opina que el avance es lento porque no se destina más dinero a investigar en ese campo al no verse en él intereses económicos que compensen la inversión.
"Desgraciadamente, hasta que no estemos en un punto crítico creo que no se van a invertir más fondos en este tipo de investigación" a pesar del debate que existe sobre el cambio climático y las amenazas que implica, señala.
Y lo hace desde el parecer de que sus tecnologías serían aplicables a mejorar la vida de otras especies, como reptiles o murciélagos, pero también de que muchos proyectos no se podrán acometer por falta de fondos, ante los recortes derivados de la crisis. EFE

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