Ha participado esta semana en la jornada 'Las Algas: Usos y Aplicaciones' organizada por la Fundación OESA.
ECOticias.
Es una apuesta de futuro, y no tan lejano. Por su capacidad de
absorción de CO2 vinculada a la producción de biocombustibles, el
cultivo de microalgas está cada vez más cerca de convertirse en una
realidad superando con creces la productividad en aceite para biodiésel
de la palma aceitera y otras plantas oleaginosas. Para Miguel García
Guerrero, investigador del Instituto de Bioquímica Vegetal y
Fotosíntesis de la Universidad de Sevilla y el CSIC, las algas tienen
mucho que aportar a la economía global. Ha participado esta semana en la
jornada 'Las Algas: Usos y Aplicaciones' organizada por la Fundación
OESA.
¿Qué ventajas aportan las microalgas respecto a los combustibles fósiles?
El problema de los combustibles fósiles es su previsible agotamiento y
la contaminación ambiental que genera su consumo. Hay que remplazarlos
por sustitutos renovables y es ahí donde encajan los biocombustibles,
por eso los gobiernos han apostado tan fuerte por este cambio. La
propuesta innovadora es generarlos a partir de las microalgas como
complemento a las fuentes más convencionales, las plantas ricas en
azúcares o aceites. Estos organismos se cultivan en medios acuosos, lo
que permite aportar, mediante burbujeo, el CO2 de los gases
de escape de industrias o plantas de generación de electricidad. Las
plantas terrestres solo pueden captarlo en el aire y en baja proporción.
¿Qué tipo de microorganismos sirven para producir biocombustibles?
Se plantea utilizar cultivos de microorganismos fotosintéticos
acuáticos, como microalgas y cianobacterias, que no compiten con los
recursos agrícolas tradicionales. Se cultivan en áreas desérticas o en
zonas no aptas para la agricultura, y presentan además una alta tasa de
producción de biomasa y, en consecuencia, de los precursores de
biocombustibles.
¿Cómo serían estos cultivos de microalgas?
No tendrían mucho que ver con los tradicionales. Se trata de otro
esquema y otro concepto. Se emplearían reactores especialmente diseñados
para este propósito en sistemas altamente automatizados. Además su
potencial sería bastante más alto que el que presentan las plantas
actualmente utilizadas para generar biocombustible. Se estiman valores
del orden de 20.000 a 30.000 litros por hectárea de etanol o de
biodiésel, lo que supera ampliamente la productividad de cualquiera de
las plantas empleadas ahora –en su inmensa mayoría también fuente de
alimento– en cualquier parte del mundo. Es un avance significativo, con
un rendimiento mayor en un sistema que no compite con la agricultura
convencional.
El desarrollo de las microalgas para biocombustible está en fase de experimentación. ¿Cuándo se aplicará?
En Arcos de la Frontera (Cádiz) se va a montar la primera planta en
España de una hectárea con sistemas de microalgas, que captará el CO2
de los gases emitidos por una central eléctrica de ciclo combinado. Se
empleará también el calor generado para facilitar el cultivo. La biomasa
producida se aprovechará para diversos fines, y será prioritario el de
producción de biocombustibles. Se está avanzando a grandes pasos.
¿Cómo se sitúa la investigación española en este campo respecto al resto del mundo?
Hay algunos grupos en la Universidad de Almería y en la de Sevilla
con el CSIC que están en el nivel más alto y que llevan más de 30 años
desarrollando investigación. Existen otros grupos en diversas
instituciones, que han ido aumentando en número y capacidades con el
tiempo. Están en primera línea internacional, por lo que el punto de
partida es bueno. En cuanto a capacidad científica y técnica, España
tiene bastante peso en el área. Pero no está tan bien en cuanto a la
financiación de estas actuaciones, contrariamente a lo que pasa en otros
países.
¿El Gobierno español está apostando por estas biotecnologías?
No existe ningún plan específico para apoyar la investigación en
microalgas, así que dependemos de las convocatorias generales, en
general con escasa fortuna, y así llevamos mucho tiempo. También es
cierto que hay iniciativas privadas que están apostando económicamente
en estos desarrollos. Hay mucho interés empresarial e industrial. Pero
el sector público no debería desentenderse del fomento de la
investigación en este ámbito. En EE UU, por ejemplo, el Departamento de
Energía acaba de convocar un programa dotado con 200 millones de dólares
para estimular los avances en la producción sostenible de algas.
Porque es el futuro…
Sí, así lo cree ahora mucha gente. Yo ya no insisto, porque llevaba
mucho tiempo diciéndolo. Se están desarrollando nuevos sistemas y
tecnologías y los primeros que las dominen podrán exportarlas a todo el
mundo. El desarrollo científico y técnico del cultivo de microalgas
contribuirá a la creación de nuevos puestos de trabajo. Además,
cualquier planta de cultivo, se coloque donde se coloque, va a suponer
incentivos para la creación de riqueza.
¿Qué novedades hay en la producción de etanol a partir de macroalgas?
Gran parte de la biomasa de las macroalgas pardas no es utilizable
por las levaduras que se emplean para producir bioetanol. Por esta
razón, se han diseñado organismos que sí son capaces de utilizar esa
biomasa y producir etanol al mismo tiempo. Así, se ha conseguido
recientemente una cepa de Escherichia coli, una bacteria del
intestino, que se ha manipulado para que pueda utilizar alginato de
algas pardas como fuente de carbono y convertirlo en etanol.
Una de las posibles aplicaciones del cultivo de estos organismos es la producción de queroseno.
En efecto, se aprovecharía y estimularía la capacidad de producir
hidrocarburos que poseen algunas cianobacterias. En ese caso, la
producción fotosintética de bioqueroseno, a expensas de la energía
solar, representa un gran avance, ya que se generará un biocombustible
para la aviación.
¿Qué previsiones hay a corto o largo plazo?
En los últimos años hemos conseguido, a partir de la investigación en
laboratorio, cultivar distintas microalgas a la intemperie en
distintos sistemas. Hemos llegado hasta el nivel de planta piloto. De
los ensayos que se hagan a escala de una hectárea –en una planta de
demostración– se obtendrán datos de gran alcance con vistas al
aprovechamiento industrial. Pero mientras se instalan las plantas, se
ponen en funcionamiento, se verifican y se desarrollan los
procedimientos para el trabajo a gran escala –lo que se prolongará
durante los próximos tres años-, no se va a poder decidir sobre bases
fiables. Esta experiencia es muy importante incluso si hay que concluir
acerca de su falta de viabilidad, económica, ya que a priori y sin la
adecuada experimentación no se puede garantizar que un sistema vaya a
ser competitivo.
¿Qué riesgos existirían?
Al igual que en la agricultura hay plagas, los cultivos de estos
microorganismos están sujetos a contaminación y a invasiones de otras
especies que pueden ponerlos en peligro. La agricultura ha necesitado
muchos años para aumentar la productividad de las cosechas y para
conseguir los organismos más adecuados, por lo que al cultivo de
microalgas le queda aún bastante por evolucionar y mejorar.
¿Qué problemas presenta?
El principal obstáculo es que el precio de los biocombustibles de
microalgas no puede ser superior al de los combustibles fósiles o al de
los biocombustibles de origen vegetal. No tendrían futuro. El problema
del precio es crucial, pero puede resolverse al introducir mejoras en
los organismos y en los sistemas y procesos de producción. Así se
abaratarían costes.
¿Y de algún modo el medio ambiente correría peligro?
A nivel medioambiental, no creo que haya riesgos porque en general se
trabaja con organismos que se encuentran comúnmente en los hábitats
acuáticos. Incluso si se trabaja con organismos genéticamente
modificados, se garantiza su inocuidad superando exhaustivos controles.
Los científicos son muy disciplinados a la hora de cumplir las normas de
seguridad que, de alguna forma, se han incluso autoimpuesto.

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