Según el
principio de Goldilocks, los animales pueden sobrevivir y reproducirse
sólo si la temperatura es la correcta, ni demasiado caliente ni
demasiado fría.
ECOticias.
Un equipo de científicos de la Universidad de Brandeis, en
Estados Unidos, ha descubierto un sensor de temperatura molecular antes
desconocido en moscas de la fruta que pertenece a una familia de
proteínas responsables de detectar sabores y olores. Estos tipos de
sensores están presentes en la propagación de enfermedades por parte de
insectos como los mosquitos y la mosca tsetsé y puede ayudar a los
investigadores a entender mejor cómo los insectos se dirigen a presas
de sangre caliente, como los seres humanos como, y propagan la
enfermedad.
Según el principio de Goldilocks, los animales pueden sobrevivir y
reproducirse sólo si la temperatura es la correcta, ni demasiado
caliente ni demasiado fría. Para permanecer en su zona de confort, los
animales han desarrollado sensores de temperatura muy sensibles para
detectar el margen relativamente estrecho en el que puedan sobrevivir,
pero hasta hace poco, los científicos sabían muy poco acerca de cómo
operan estos sensores.
Los insectos que pican, como los mosquitos, se sienten atraídos
por el dióxido de carbono y el calor, por lo que siempre parecen picar
donde se encuentra la mayoría de la sangre. Eso se debe a que esas áreas
son las más cálidas, dice Paul Garrity, profesor de Biología en el
Centro Nacional de Genómica de en Brandeisy coautor del estudio
publicado en la edición digital anticipada de este miércoles de la
revista 'Nature'.
"Si se puede encontrar el receptor temperatura de un mosquito, se
puede llegar a producir un repelente o una trampa de una manera más
efectiva", resaltó Garrity. "El descubrimiento de este nuevo receptor de
temperatura en la mosca de la fruta da a los científicos una idea de
dónde buscar receptores similares en el mosquito y otros insectos",
agregó este investigador, al que ayudaron la profesora de Biología
Leslie Griffith y el profesor asociado de Bioquímica Douglas Theobald en
el proyecto investigador, conducido por los becarios postdoctorales
Lina Ni y Peter Bronk.
El sensor recién descubierto pertenece a una familia de proteínas,
los receptores gustativos, que han sido estudiados durante más de una
década, pero nunca vinculados a la termosensación, dice Garrity. En la
búsqueda de presas, los utilizan otros receptores gustativos para oler
el dióxido de carbono y detectar el azúcar y los productos químicos
amargos como la cafeína.
Pero en moscas de la fruta, un tipo de receptor gustativo siente
el calor en lugar del olor o el sabor. Este receptor, conocido como
Gr28b, es responsable de la detección de la temperatura exterior y
provoca una respuesta rápida si las temperaturas se exceden, según
descubrió el equipo. La investigación también reconcilia puntos de vista
previamente contradictorios de cómo una mosca de la fruta siente el
calor, al demostrar que el insecto tiene sistemas externos e internos
diferentes para la detección térmica.
Es probable que sistemas similares estén presentes en otros
insectos, incluyendo a los responsables de la propagación de
enfermedades como la malaria y la enfermedad del sueño, que matan a
cientos de miles de personas cada año. Cuanto más comprenden los
científicos sobre cómo los insectos responden al calor, mejor puedan
entender la migración de insectos en respuesta al aumento de la
temperatura global y la propagación de enfermedades a través de las
picaduras de insectos.
"Esta investigación ha abierto una nueva vía para entender cómo
los animales responden a la temperatura -recalca Garrity. Es importante
porque la detección de calor es fundamental para conocer el
comportamiento de los insectos que transmiten enfermedades, matan los
cultivos y provocan un impacto en el medio ambiente."

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