A nivel ya no
del ciudadano, sino de los países, el Protocolo de Kioto se encargó de
que existiera un compromiso de reducción de la emisión de gases de
efecto invernadero.
ECOticias.
Hace unos años, en la época del Concord, el único reto
que parecía existir en lo que se refería al transporte, era el de lograr
reducir el tiempo del viaje por mucho que costase. Hoy todo el discurso
parece agotarse en la rentabilidad, la eficiencia y el respeto
sostenible del medio ambiente. A pesar de todo, todavía hoy nos
planteamos muchas veces si coger el coche para ir a trabajar o ir en
transporte público. El objetivo fundamental es tardar lo menos posible,
aunque también influye el importe del viaje. Lo que tal vez no solemos
preguntarnos tanto es si con ese trayecto contaminamos más o menos la
atmósfera. Eso sí, a la hora de hablar del cambio climático todos nos
quejamos y nos echamos las manos a la cabeza: ¿cómo puede hacer tanto
calor y luego tanto frío? Solo cuando algo nos afecta directamente
parece que nos interesa de verdad.
A nivel ya no del ciudadano, sino de los países, el Protocolo de
Kioto se encargó de que existiera un compromiso de reducción de la
emisión de gases de efecto invernadero. Sin embargo, tras un estudio
conjunto del IIASA (Instituto Internacional para el Análisis de Sistemas Aplicados) y del CICERO (Centro Internacional para la Investigación Climática y Medioambiental)
se ha concluido que en dicho protocolo no se tuvieron en cuenta algunas
variables que cambiarían mucho las cifras, como es la ocupación de los
vehículos. Así lo explica Terje Berntsen, experto del CICERO y coautor del estudio.
Los cálculos señalan que, dentro de trayectos de entre 500 y 1.000
kilómetros, hacer el mismo recorrido solo en un coche grande produce
mucho más CO2 que viajar con otras dos personas en un coche pequeño o que hacerlo en tren.
Respecto a viajar en avión, este estudio ratifica que “produce de
lejos el mayor impacto sobre el clima por distancia viajada”, en
palabras de Jens Borken-Kleefeld, experto del IIASA.
Por ello recomienda, si se quiere reducir la contaminación, “evitar; los
vuelos, conducir solo y conducir vehículos grandes” y que “siempre que
se pueda se opte por el tren, el autobús o compartir el coche con dos o
mas personas”. Cuestión esta que una vez más vincula sostenibilidad con
relaciones personales amables, y disposiciones solidarias.
El sistema internacional de Certificación LEED®, que promueve en España desde 1998 el Green Building Council de España, el Spain Green Building Council®, www.spaingbc.org, en el Campo de Parcela Sostenible LEED®, favorece por un lado el Transporte Alternativo en cuatro planteamientos principales:
Primero; el que en las inmediaciones del edificio y en una distancia
peatonal de hasta 800ml haya parada de metro, tren de cercanías, autobús
metropolitano o “ferry” o que en una distancia peatonal de hasta 400ml
haya al menos una parada con dos o mas líneas de autobús público o
lanzaderas de empresa o vehículos compartidos, premiándolo con hasta 6
puntos de 110.
Segundo; favorece el que se dote de aparca-bicicletas en zona segura y
preferente al 5% o más de la población de los edificios y duchas y
vestuarios para el 0,5% o más de los mismos, premiándose con 1 punto de
110.
Tercero; el que haya aparcamiento preferente en las inmediaciones de
escaleras y ascensores para los que acuden al trabajo con vehículos de
bajo consumo y bajas emisiones (híbridos, eléctricos, de bajo consumo de
gasolina y diesel,…) para el 5% de la capacidad del aparcamiento [o
enchufes para eléctricos, surtidores de bio-líquidos o bio-gaseosos
para el 3% de la capacidad del aparcamiento (3% x 60 l), o vehículos de
este tipo para el 3% de la población del edificio] se premia con hasta 3
puntos de 110.
Cuarto; para los que acudan al trabajo con Vehículos de Alta
Ocupación - VAO (2 ó más ocupantes) se les dará aparcamiento preferente
para el 5% de la capacidad del aparcamiento, se premia esta estrategia
con 2 puntos de 110.
En el campo de Materiales y Recursos LEED®, el que los
materiales de construcción de obra civil, decoración, mobiliario y
acabados estén manufacturados y sus materias primas provengan de
emplazamientos en un radio de hasta 800km de la obra para el 30% en
coste de los mismos, se premia con hasta 3 puntos de 110, para controlar
la energía indirecta aplicada al edificio debida al transporte
intermodal (contenedores por tren, camión o barco). En LEED® hasta 15 puntos de 110, favorecen el uso del transporte eficiente y menos contaminante.
¿Cómo explicaríamos a los hermanos Wright o a Santos Dumont
que el principal problema de los aviones del futuro no sería
estructural ni aerodinámico? Incluso podríamos pensar que la industria
aeronáutica se vería perjudicada por la falta de presupuesto para
materiales o por el encarecimiento del carburante. Sin embargo, como
vemos, la principal pega hoy en día es la emisión de CO2 que por el momento supone.
Y sin embargo podríamos decir: ¿qué hay de la contaminación que
proviene de las centrales eléctricas que funcionan con combustibles
fósiles? ¿Merece el transporte ser tan castigado cuando el CO2 está tan presente y forma parte de los gases de escape?
Es precisamente en lo que trabaja ahora el Laboratorio Nacional de Tecnologías Energéticas del Departamento de Energía de Estados Unidos. Desde 1990 se ha venido estudiando el uso de pilas de combustible para capturar CO2,
ya que otros métodos hacen poco rentable la producción eléctrica en sí.
La posibilidad de usar las pilas de combustible de carbonato fundido
(solo siendo válida esta variedad que fabrica FuelCell Energy en EE.UU.) ha merecido la inversión de 2,4 millones de dólares para desarrollar dicho estudio.
Aunque sí existen otros modos de captura de CO2 de los
gases de escape, su coste impide que sean usados a gran escala, y haría
necesario utilizar el mismo vapor que podría estar generando
electricidad. Esto convierte el sistema de las pilas de combustible (de
carbonato fundido) en prometedor, ya que es precisamente con CO2
con lo que ellas funcionan. Así, en vez de reciclarlo dentro de su
bucle interno, lo captaría de forma selectiva de los gases de escape de
la supuesta central eléctrica. Una vez acumulado se podría someter a
grandes presiones y bombearlo para su almacenaje bajo tierra.
Aún se trata de un estudio que tendrá que investigar a fondo las
posibilidades reales del proyecto: costes, complicaciones derivadas de
la contaminación de los gases de las centrales eléctricas –especialmente
por la presencia de azufre-, que interferirían tal vez en las
reacciones electroquímicas del funcionamiento de las pilas de
combustible… Se ha hablado incluso de usar las celdas o células en la
extracción de petróleo con CO2, porque facilitaría la
separación de crudo y gases, pero como decimos, es necesario hacer
cálculos para comprobar que los gastos son rentables.
En EE.UU. la revolución del gas natural de esquistos (fracking-shale gas) está produciendo dos efectos muy beneficiosos:
El Primero la remarcable reducción de las emisiones de gases efecto
invernadero a nivel nacional, debido al cierre de centrales térmicas de
carbón y petróleo desplazadas por las centrales térmicas de gas natural
de esquistos (shale-gas), para la producción de electricidad, por ser
este gas muchísimo mas barato que el carbón a cielo abierto y el
petróleo. Las emisiones de gases efecto invernadero en el periodo
2005-2011 se han reducido un 7,5%, situándose en los niveles por debajo
de los de 1992 y continuarán bajando al ritmo del 1,5% anual o mayor,
debido a la mucha menor intensidad en carbono del gas natural de
esquistos.
El Segundo, como consecuencia del anterior, es la revolución del
motor de gas natural de esquistos (fracking-shale gas), que se está
produciendo justo en este momento, que va a producir una reducción
considerable añadida a la anterior de las emisiones de gases efecto
invernadero a nivel nacional en el sector difuso del transporte. Los
grandes fabricantes de vehículos, camiones, motores de barcos y motores
de tren los están fabricando para que puedan consumir gas natural de
esquistos (fracking-shale gas) y en el periodo de transición, debido a
la escasez inicial de gasolineras con este gas, con dos depósitos, para
que puedan usar también gasolina/gas-oil. Las compañías de gas y
petróleo están construyendo a ritmo acelerado estaciones de servicio
públicas con gas natural de esquisto comprimido para los vehículos
privados en los corredores principales y de gas natural licuado para los
grandes camiones de 9 ejes, trenes de mercancías y barcos. También cada
vez son más las flotas de autobuses municipales, metropolitanos,
concesionarios de larga y media distancia, recogida de basuras, taxis,…
que usan el gas natural de esquistos (fracking-shale gas).
EE.UU. va a cumplir con el Protocolo de Kioto sin haberlo ratificado y antes que los países que si lo han hecho.
En definitiva, la generación de este siglo trabaja en pro de evitar
los males surgidos como consecuencia de la producción y el consumo de
energía que conllevan las innovaciones integradas en la rutina diaria
del hombre moderno. Una vez más el pasado nos insta a proponer una
innovación sostenible para el futuro.

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