“Con la
desaparición de los manglares podríamos perder importantes servicios al
ecosistema. El impacto sobre las comunidades locales y los ecosistemas
circundantes sería catastrófico”
ECOticias.
Los “océanos” serán uno de los temas principales en la reunión
de Río+20 con el objetivo de garantizar el desarrollo sostenible de los
océanos y la protección de los recursos marinos; sin embargo, los
manglares –cuya capacidad de capturar carbono y su gran número de
servicios ecosistémicos que brindan a los océanos se están perdiendo a
“una tasa alarmante”– no se mencionan en la agenda del borrador cero.
“Con la desaparición de los manglares podríamos perder importantes
servicios al ecosistema. El impacto sobre las comunidades locales y los
ecosistemas circundantes sería catastrófico”, dijo Boone Kauffman,
investigador del Centro para la Investigación Forestal Internacional y
autor principal de la reciente publicación de CIFOR: Protocols for the measurement, monitoring and reporting of structure, biomass and carbon stocks in mangrove forest (Protocolos para la medida, monitoreo y reporte de estructura, biomasa y reservas de carbono en bosques de manglar).
“Debido a su valor único y a las serias amenazas a su continua
existencia, tanto debido al cambio climático como a la degradación
actual, existe la imperante necesidad de que durante la conferencia de
Rio+20 los gobiernos reconozcan la importancia de los manglares y
diseñen mejores políticas que garanticen su protección”.
Mientras tanto, en el laboratorio, los investigadores de CIFOR
analizan el carbono en miles de muestras de suelo de manglares del
Sudeste Asiático y América Latina. La metodología que están
desarrollando para medir el carbono será muy valiosa durante la revisión
de las directrices para los inventarios de gases de efecto invernadero
en humedales que el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre Cambio
Climático (IPCC) está llevando a cabo –un desarrollo crucial para
incluir de manera más adecuada a los manglares y otros valiosos
humedales dentro de programas de financiamiento como la Reducción de
Emisiones de la Deforestación y Degradación de los Bosques (REDD+).
“Los manglares almacenan hasta tres o cuatro veces más carbono que la mayoría de los bosques tropicales”, dijo Kauffman.
“Hemos diseñado metodologías exactas y eficientes para cuantificar
las reservas de carbono debido a la importancia potencial de los
manglares no sólo en los acuerdos internacionales de cambio climático
como REDD+, sino también para el desarrollo sostenible como se discutirá
en la cumbre Rio+20”.
El área más extensa de manglares del mundo se ubica en Asia, la que
abarca más de 6.8 millones de hectáreas y representa entre el 34 y 42
por ciento del total mundial. Indonesia alberga más del 23 por ciento de
los manglares del mundo, seguida de África (20 por ciento), América del
Norte y Central (15 por ciento), Oceanía (12 por ciento) y América del
Sur (11 por ciento).
Los manglares, así como los marismas de marea y las praderas marinas,
retiran el carbono de la atmósfera y lo fijan en la tierra, donde puede
permanecer por milenios. A diferencia de los bosques terrestres, estos
ecosistemas marinos están constantemente construyendo reservorios de
carbono, almacenando grandes cantidades de “carbono azul” en sus
sedimentos altamente orgánicos.
Cuando los manglares se degradan, debido al drenaje o la conversión
para la agricultura o acuacultura, emiten continuamente grandes
cantidades de gases de efecto invernadero a la atmósfera. Las tasas de
deforestación de los manglares y la conversión a otros tipos de uso de
tierra se encuentran entre las más altas de todos los bosques
tropicales. La conversión de tierras contribuyó a la pérdida de 35 por
ciento de los manglares a nivel mundial entre 1980 y 2000.
“Los manglares están siendo destruidos a tasas alarmantes y esto debe
de parar”, sostuvo Daniel Murdiyarso, Investigador Senior de CIFOR. “No
hay conciencia sobre todas las repercusiones que la pérdida de
manglares puede tener para la humanidad”.
Kaufmann considera que los estudios que cuantifican la composición
del bosque, los reservorios de carbono y las altas emisiones que
resultan de la conversión de manglares podrán aportar valiosa
información a los esfuerzos que se vienen realizando para proteger a los
manglares.
“Esta información podría ser utilizada para preservar los servicios
ecosistémicos que proporcionan los manglares, como proveer a las
comunidades locales de medios de vida vinculados a los recursos
pesqueros y camaroneros, productos maderables y no maderables,
ecoturismo, fuentes de biodiversidad, e importantes fuentes de
nutrientes y energía para los arrecifes de coral circundantes así como
proteger las zonas costeras frente a desastres naturales, al tiempo de
funcionar como enormes sumideros de carbono”.
Sin duda será necesario contar con dichos estudios para poder
monitorear las reservas de carbono de los manglares a fin de permitir
una participación en actividades reguladas de mitigación del cambio
climático y de mercado de carbono como REDD+. La publicación aborda las
necesidades específicas de los ecosistemas de manglar.
“Dada las diferencias en la composición, ecología y estructura de los
manglares comparados con los bosques de montaña, era muy importante
elaborar este manual”, explicó Kaufmann.
REDD+ permite reducir los gases de efecto invernadero a nivel mundial
al compensar a los países por evitar la deforestación o la degradación
de los bosques. Sin embargo, en un marco más amplio, podría compensar
actividades como el mejoramiento de los bosques y el aumento de las
reservas de carbono.
El manejo de ecosistemas costeros para el rango de servicios que
ellos proveen puede complementar los enfoques existentes a las
soluciones basadas en la naturaleza para reducir los efectos del cambio
climático. Dichas inversiones tienen el potencial de vincular a REDD+
con otros mecanismos de financiamiento de carbono, siempre y cuando se
pueda llegar a un acuerdo respecto a los protocolos de contabilidad,
verificación y reporte de captura neta de carbono.
Los métodos de medición de carbono utilizados por los cientificos
corresponden al nivel 3, el más alto del sistema de niveles del IPCC,
que muestra el grado de exactitud en la evaluación de las reservas de
carbono para poder participar en el programa REDD+.
El nivel 1 utiliza suposiciones simplificadas y puede tener un margen
de error de aproximadamente 50 por ciento para los reservorios sobre el
suelo y alrededor del 90 por ciento para los reservorios de carbono de
suelo variable. El nivel 2 utiliza datos definidos por el país para
factores clave. El nivel 3 se caracteriza por realizar inventarios muy
precisos de las reservas de carbono en reservorios variados de carbono y
por repetir la medición de las principales reservas de carbono a lo
largo del tiempo.
Kauffman y su coautor, Daniel Donato, diseñaron un plan de medición
compuesto de cinco pasos para obtener resultados exactos. Primero se
deben definir los límites del proyecto. En segundo lugar, se deben
clasificar los manglares en función de su tipo: costeros, estuarinos o
enanos. Asimismo, cuando se miden las reservas de carbono, es necesario
diferenciar los manglares que se ubican sobre o debajo del suelo, lo que
aporta información adicional sobre los niveles de carbono y permite una
mejor cuantificación de las emisiones o la captura de carbono.
Finalmente es importante la frecuencia con que se lleva a cabo el
muestreo. Es probable que sea necesario realizar las mediciones en
intervalos de cinco años para solicitar créditos en el mercado de
carbono.
El rápido aumento en el siglo 21 del nivel de las aguas y de las
tormentas han sido identificados como principales amenazas para los
manglares, que han logrado sobrevivir en climas con cambios más
graduales en los niveles de agua, migrando ya sea hacia arriba o hacia
el interior. Bajo las tendencias climáticas actuales, el nivel de las
aguas está proyectado a aumentar de 1 a 1.5 metros para final de este
siglo, y mucho más si el descongelamiento de la capa de hielo continúa
en forma acelerada

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