Es "la pregunta del billón de dólares" y un nuevo estudio científico internacional pone en entredicho que en todo el mundo no haya una respuesta: ¿cuánto vale un océano sano?
Con el Océano Pacífico como involuntario indicador de las principales
amenazas que, por la contaminación y el cambio climático, se ciernen
sobre el planeta, el trabajo establece la cifra en un billón de dólares
al año hasta 2100.
A partir de esa fecha, la investigación
"Valuing the Ocean" ("El Valor del Océano", a cuyo resumen ejecutivo
tuvo acceso EFEverde, sostiene que si se mantiene el escenario
identificado, con mas de seis agentes agresores interconectados para
desencadenar una situación irreversible, la cifra aumentaría a 1.980
millones de dólares anuales.
También considera que mucho antes,
tan pronto como 2050, el impacto combinado de las agresiones descritas
será cuatro veces mayor en una situación hipotética de alto nivel de
emisiones de gases de efecto invernadero y temperaturas 4ºC mas altas.
Los
cálculos se justifican con la cuantificación de actividades que pueden
sufrir un cambio radical con la desestabilización oceánica: la pesca, la
absorción de carbono, el turismo, el aumento del nivel del mar y la
incidencia de tormentas.
El "precio" calculado del océano, con el
Pacífico como referente, casi la mitad de la extensión oceánica total y
ribera de 50 países y territorios, deliberadamente excluye de la
ecuación "el valor incalculable" de su biodiversidad, su papel en la
regulación de ecosistemas y en el ciclo de nutrientes.
La falta de
oxígeno en mas de 500 "zonas muertas", la acidificación, calentamiento y
contaminación de las aguas marinas, además de la sobreexplotación de
recursos y el aumento del nivel del mar son las señales que ha estudiado
en el Pacífico el equipo responsable de "Valuing the Ocean" ("El Valor
del Océano"), editado por el Instituto de Medio Ambiente de Estocolmo,
que se presenta como documento de trabajo para la Cumbre del Planeta
Río+20.
"No puede haber una economía verde sin un mar azul",
sostiene el escrito, en referencia al color que recurrentemente se usa
para describir el agua sana.
La acidificación del océano, señalan,
es el resultado directo de los crecientes niveles de CO2 en la
atmósfera y ya ha provocado un descenso del 30% en el pH medio del
océano, índice que se reducirá hasta un 200% más hasta el año 2100, una
tasa de cambio diez veces superior a la experimentada por el océano
durante los últimos 65 millones de años.
Del aumento del nivel del
mar, por el calentamiento global y el deshielo, recuerdan que pone en
peligro la existencia de algunos pequeños Estados insulares en vías de
desarrollo (SIDS) y megaciudades costeras, ya que las aguas podrían
aumentar en más de dos metros antes del año 2100 si nuevos aumentos de
la temperatura estimulan los complejos circuitos de retroalimentación
que gobiernan los patrones de deshielo de los polos.
El
calentamiento del océano, sostienen, ya está incrementando la intensidad
de los destructivos ciclones tropicales, afectan directamente la salud
de los arrecifes de coral y alteran la actividad pesquera mundial por la
emigración de especies de alto valor económico hacia aguas más frías,
más cercanas a los polos y lejos de las comunidades que se alimentan con
ellas.
Y la contaminación general del mar, dicen, constituye "un
problema importante" en más de la mitad de la superficie global de los
océanos del planeta porque debilita la capacidad de resistencia de
especies y hábitats a otras amenazas, como la acidificación, y reduce su
capacidad afrontar el cambio climático.
Según la investigación,
el 85% de las pesquerías se están explotando a pleno rendimiento o están
sobreexplotadas, agotadas o recuperándose de un estado de agotamiento y
las "zonas muertas" o hipóxicas, privadas de oxígeno por las reacciones
provocadas en el agua por fertilizantes y residuos ricos en nitrógeno
"aumentan rápidamente" azuzadas por las altas temperaturas.
El
responsable del capítulo sobre hipoxia, Robert J. Díaz, profesor titular
del Instituto de Ciencias Marinas de Virginia (EEUU) "William and
Mary", explicó a EFEverde que hay identificadas más de 762 zonas
costeras afectadas por la falta de oxígeno o la eutrofización (exceso de
nutrientes en el agua) que la precede.
Entre las tres zonas mas
grandes del mundo, el mar Báltico, el Golfo de México y la desembocadura
del Yangzi, en China, suman 100.000 kilómetros cuadrados.
En
España, Díaz, de padres gallegos, identificó la Bahía de Cádiz, la
Laguna de Tancada, en el Delta del Ebro, el Mar Menor y el puerto de La
Coruña como algunas de las zonas bajo amenaza.
Las primeras
señales de la falta de oxígeno -que se registraron hace mas de 20 años-
son el abandono del área por peces y crustáceos, dijo. Por debajo de los
dos miligramos por litro de oxígeno en agua, la vida para los
invertebrados se hace difícil y si el nivel alcanza un miligramo por
litro, solo proliferan bacterias.
Las bacterias acidifican el
agua, porque fijan mas CO2 procedente de la contaminación del aire, y
bajan el pH del agua, añadió el experto que recalcó, sin embargo, que
éste es un proceso reversible.
A modo de ejemplo señaló la
recuperación del Mar Negro, en las costas ucranianas, donde el exceso de
fertilizantes vertidos al agua por la campaña agrícola subsidiada a
finales de los años 80 por la antigua Unión Soviética acabó convirtiendo
la costa en una "zona muerta": 40.000 kilómetros cuadrados en 1989,
precisó.
Con los cambios políticos y económicos, el subsidio se acabó y en 1994 la zona estaba totalmente recuperada.
Díaz
cuenta con otras 55 historias de éxito, de los 479 sitios identificados
con hipóxia, tras sufrir proliferación de algas, perdida de
biodiversidad y daños en los corales.
Sin el exceso de residuos
que aportan al mar las grandes aglomeraciones de población y los
fertilizantes que requiere la producción industrial de alimentos, el
problema podría controlarse, aseguró.
"El océano no puede ser
parte del alcantarillado de una civilización sobrealimentada, pero si
cambiamos cómo comemos, podemos resolver parte del problema", declaró.
Sin
oxígeno no hay nada, subrayó, y recordó el lema de la Asociación
Estadounidense de Pulmón, "si no puedes respirar, lo demás no importa".
Las
recomendaciones del trabajo que da valor al océano se analizarán en el
foro "Planet Under Pressure", el próximo 26 de marzo en Londres y
apuntan a una actuación global que garantice una buena gobernanza y la
sostenibilidad de los océanos.
En la conferencia participan Kevin
Noone y Julie Hall, autores de "Valuing the Ocean" junto con Robert J.
Díaz, Frank Ackerman, William Cheung y Rashid Sumaila. Entre todos,
expertos en diferentes especializaciones de ingeniería química,
economía, ecología, biología, ecotoxicología, cambio climático y pesca.
"Valuing
the Ocean" se publicará este verano, con los auspicios de la "Okeanos
Foundation" y la Fundación para el Diseño y la Empresa Sostenible
(FDSE). EFEverde

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