Una duradera exposición prenatal al aire contaminado con productos de
combustión genera varios problemas mentales en los niños. Hacia la edad
de 6-7 años sufren, ante todo, la atención y el sosiego.
Esta correlación por primera vez ha sido comprobada científicamente por
un grupo de investigadores universitarios neoyorquinos bajo el auspicio
del Instituto Nacional de Salud de EE. UU. El colectivo estaba integrado tanto por médicos y bioquímicos, como psicólogos y sociólogos.
Medían la concentración de los hidrocarburos aromáticos policíclicos en
el aire, cerca y dentro de la vivienda de las mujeres embarazadas que
participaban en el estudio, siempre que no fueran fumadoras.
Luego registraban marcadores específicos de esas sustancias en la
sangre de las mamás para repetir esa operación con la sangre de cordón
umbilical de los bebés durante el parto.
Varios años más tarde, a 253 madres de la muestra les encuestaron sobre
el comportamiento de sus niños. Este último sondeo contenía respuestas
sobre si el niño sufría ansiedad, depresión o problemas de atención.
Todas las mujeres de la muestra neoyorquina presentaban niveles
detectables de hidrocarburos aromáticos, aunque a variados niveles. Las
que tenían la mayor concentración en la sangre eran 4 o 5 veces más
propensas a tener hijos con problemas de ansiedad, hasta el grado de una
diagnosis clínica. De una manera similar esos productos de combustión
se asociaron con los síntomas depresivos y el déficit de atención en los
menores.
Las emisiones del tráfico son la principal fuente de la contaminación
del aire urbano, sostienen los expertos en un artículo publicado en la revista medioambiental ‘EHP’.
Pero el perjuicio causado por el transporte, según el colectivo, podría
ser recompensado comiendo más frutas y vegetales ricos en
antioxidantes.
Además, a las que están embarazadas se les aconseja que ventilen las
habitaciones tras asar carne y minimicen su exposición al humo del
tabaco, que también contiene las sustancias investigadas. Es que más
allá de su efecto psicosocial, los hidrocarburos aromáticos se
identifican en medicina como las sustancias más cancerígenas y teratógenas.

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