EE. UU. puede exceder el plazo de cinco años previsto para cumplir el plan de incremento de la seguridad de las centrales nucleares del país diseñado por la Comisión de Regulación Nuclear en 2011, después de la avería de la central de Fukushima en Japón.
El presidente de la Comisión, Gregory Jaczko, citado por el diario The
Wall Street Journal, señaló que a pesar del progreso conseguido, la
Comisión puede no lograr realizar todas las tareas en el plazo
establecido. “Todavía queda mucho trabajo por hacer”, apuntó.
Así, de acuerdo con el plan, cada central nuclear tiene que instalar
nuevas bombas de agua y unos generadores eléctricos adicionales situados
a cierta distancia de las plantas. El tsunami que azotó la costa
japonesa en marzo del año pasado destruyó los generadores eléctricos, lo
que provocó la catástrofe radiactiva en esa zona.
Según el ingeniero jefe de la compañía Exelon Corp., Charles Pardi,
esta modernización costará alrededor de un millón de dólares por cada
central.
No obstante, algunos miembros de la Comisión opinan que las tareas
previstas por el plan pueden cumplirse incluso antes del plazo previsto.
Según ellos, las centrales nucleares de EE. UU. son bastante seguras.
Es por eso que la mayoría de los miembros de la Comisión se
pronunciaron por la realización de una serie de medidas de prevención de
las averías, incluido el monitoreo del combustible nuclear usado.
EE. UU. es el mayor proveedor de energía nuclear del mundo. Cuenta con
104 reactores en 65 plantas que generan casi el 20% de la energía
eléctrica del país. La construcción de todos los reactores que operan en
EE. UU. comenzó en los años 70 del siglo pasado. En 1979 sucedió el
mayor accidente nuclear de la historia del país: en la central nuclear
de Three Mile Island, Pensilvania, se produjo una explosión tan solo tres meses después de su apertura. Desde aquel momento el Gobierno no construyó ningún nuevo reactor.
La avería en la central nuclear de Fukushima, que obligó a evacuar
indefinidamente a decenas de miles de personas de sus casas, estremeció a
toda la comunidad internacional y provocó una ola de discusiones sobre
la seguridad de la energía nuclear. Algunas naciones, como por ejemplo
Alemania, incluso optaron, en un principio, por renunciar al uso de la
energía del átomo.

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