El seísmo de magnitud 6,6 golpeó el condado de Lushan,
cerca de la ciudad de Ya'an, en la provincia de Sichuan, en el suroeste
del país, cerca de donde un devastador terremoto de 7,9 mató a 70.000
personas en mayor de 2008.
La mayor parte de las muertes se concentraron en
Lushan, situada a una escasa distancia en coche valle arriba de Ya'an,
pero el avance de los rescatadores se vio entorpecido por la estrechez
de la carretera y los corrimientos de tierra, así como por los controles
gubernamentales para evitar atascos de tráfico.
"El condado de Lushan está recuperando la normalidad,
pero sigue habiendo una necesidad considerable en términos de refugio y
materiales", declaró Kevin Xia de la Federación Internacional de la Cruz
Roja y la Media Luna Roja.
"Ha sido difícil llevar los suministros a la región por
los atascos. La mayor parte de nuestros suministros están aún en
camino", agregó.
En Ya'an, rescatadores procedentes de varias regiones
del país expresaron su frustración con el difícil acceso a Lushan y a
los pueblos más allá, arriba en las montañas.
"Tenemos prisa. Hay gente que necesita ayuda y tenemos
suministros en la parte de atrás (del coche)", dijo un hombre del Equipo
de Respuestas de Emergencias por Terremotos de la Provincia de Shandong
que no quiso dar su nombre.
El Ministerio de Asuntos Exteriores agradeció las
ofertas de ayuda de otros países, pero dijo que China puede arreglarse
sola.
"Por el momento, las capacidades chinas de rescate y
médicas están garantizadas y los recursos de rescate son suficientes",
dijo.
En Lushan, los médicos atendían a las personas al aire
libre o en tiendas en los jardines del hospital principal, rodeados de
cristales rotos, escombros y pedazos de yeso y cemento. El agua y la luz
se cortaron por el temblor, pero en la zona hay temperaturas
primaverales.
"Pasé miedo. Nunca había visto un seísmo tan grande",
dijo el agricultor Chen Tianxiong, de 37 años, tendido en una camilla
entre las tiendas y rodeado por su familia.
Cerca, una anciana permanecía sentada, aturdida,
murmurando a su hijo, mientras unas enfermeras limpiaban la sangre del
pie de otra mujer mientras su marido le mecía la cabeza.
En otra tienda, Zhou Lin atendía a su mujer y su hijo
de tres años, que fueron evacuados a un hospital de Lushan poco después
del seísmo el sábado.
"Estaba preocupado porque el niño o su madre pudieran
resultar heridos. Todos los edificios estaban temblando. Estaba muy
asustado. Pero ahora ya no tengo miedo", dijo Zhou, mirando a su hijo,
que dormía tranquilamente arropado en una manta en una cama provisional.
El primer ministro, Li Keqiang, voló a la zona del
desastre en helicóptero para dar apoyo a los heridos y desplazados,
charló con los rescatadores y subió a los montones de escombros.
"No estéis tristes, reconstruiremos tras este desastre y
vuestras nuevas casas serán incluso mejores que las anteriores", dijo a
unos vecinos, según le citaron medios estatales.
El Ministerio de Asuntos Civiles situó la cifra de
muertos en 179, así como 24 desaparecidos y casi 11.500 heridos, 960 de
ellos graves.

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