Apartado del ajetreo típico de Bruselas, con sus
numerosos funcionarios europeos y su intenso tráfico, el castillo de
Grand-Bigard, a las puertas de la capital belga, celebra cada año la
primavera con Floralia, una exposición efímera de un millón y medio de
flores.
Los capullos florecen poco a poco en los jardines de este castillo,
erigido en el siglo XVII, para dar lugar a un colorido paisaje que se
transforma a lo largo de las cuatro semanas que suele durar la muestra.
Una muestra que este año se prolonga una semana más, hasta el 12 de
mayo, debido a que el frío invierno vivido en Bélgica y las constantes
heladas han retrasado el florecimiento de algunos ejemplares.
En este bucólico paraje, la capital de la Unión Europea parece más
lejana de lo que en realidad está: lo único que se oye son los graznidos
de los patos y ocas que campan a sus anchas por los jardines, el
ambiente está envuelto por un intenso olor a hierba recién cortada y, se
mire donde se mire, hay flores de todos los colores.
"Es el inicio de la primavera, salimos de un largo invierno, así que
la gente quiere salir a la calle y visitar jardines", explica a Efe
Cedric Pelgrims de Bigard, uno de los organizadores de Floralia.
Esta exposición floral, la mayor de Bélgica y la única de este tipo
en Europa junto con otra que se celebra en Holanda, acoge cada año a
unos 30.000 visitantes, algunos de los cuales repiten a lo largo de una
misma primavera para ver cómo los capullos prematuros dan paso a los de
florecimiento a medio plazo, que luego son reemplazados por los más
tardíos.
"Tenemos millón y medio de flores de 600 tipos diferentes: 400
tulipanes, 80 narcisos, 60 jacintos, y el resto, de diferentes
variedades", relata Pelgrims, a cuya familia pertenece el castillo De
Grand-Bigard.
"Fue mi padre quien tuvo la idea hace solo diez años y ha tomado
bastante relevancia", continúa, explicando que, para celebrar el primer
decenio de la exposición, han contado con nuevos tulipanes y jacintos
(algunos exclusivos, tan recientes que aún no tienen un nombre
asignado).
Salvo una zona donde las plantas crecen al libre albedrío, los
capullos están estratégicamente organizados, creando paneles de flores
con colores de fuertes contrastes.
Además de las flores de los jardines, Floralia cuenta con
invernaderos en los que se exponen ramos cuidadosamente ideados y
montados.
En ellos, "hay 150 creaciones florales realizadas por un equipo de
profesionales holandeses que trabajan por todo el mundo y que cambian
todas las semanas todos los ramos", explica Cedric.
Uno de ellos es Jaap Wisse, un florista holandés que trabaja ufano en
un jarrón con grandes hojas verdes y claveles mientras cuenta a Efe que
renovar los invernaderos ocupa toda la jornada del viernes a un equipo
de cinco personas.
Precisamente en los invernaderos se encuentran las flores más
llamativas: desde orquídeas negras hasta rosas de los colores del arco
iris, pasando por unas pequeñas flores cuyos pétalos parecen simular el
tablero de un ajedrez.
El vínculo de Floralia con Holanda no termina en el origen de sus
creadores, pues la mayoría de las flores proceden justamente del país
vecino.
"El tulipán tiene su origen en Flandes (en Bélgica) y el norte de
Francia, pero los holandeses han conseguido, gracias a su terreno
arenoso, producir más fácilmente y, por lo tanto, a un coste menor que
aquí y por eso han conseguido tener el monopolio de este cultivo",
cuenta Cedric.
A pesar de lo fugaz de esta exposición, Floralia, que cuenta con
cinco organizadores, requiere todo un año de trabajo: las flores se
plantan en otoño, en un proceso que emplea a diez personas y en verano
hay que retirar todos los tallos y limpiar el terreno, para que el ciclo
vuelva a empezar.

No hay comentarios:
Publicar un comentario