A las cuatro de la madrugada, los primeros operarios de la empresa
pública Tragsa han salido a limpiar los puntos más sucios del centro de
la capital tras 12 días de huelga en la recogida de limpieza viaria. Los
trabajadores han sido escoltados por un fuerte despliegue de Policía
Municipal para evitar que las acciones de los piqueteros les impidieran
hacer su cometido. Las bajas temperaturas y el preacuerdo entre las
empresas y los sindicatos han frenado cualquier incidente.
El Templo de Debod y la plaza de Legazpi han sido los dos puntos
elegidos para efectuar el despliegue por la parte central de la ciudad,
que es la que más suciedad acumulaba. Hasta allí llegaron los camiones
de Tragsa, que han salido escoltados desde su sede, en el kilómetro
6,800 de la autovía de Toledo, en Leganés. A partir de ahí las
cuadrillas se han desplegado por las cuadrículas en que se sectorizó la
ciudad. Llamaba la atención que todo el material empleado, como escobas,
cepillos y capazos, estaban nuevos, al igual que los trajes amarillo
reflectantes de los trabajadores. Un total de 90 pertenece a Tragsa,
dependiente del Ministerio de Agricultura, Pesca y Alimentación,
mientras que los otros 110 han sido contratados a través de una empresa
de trabajo temporal (Ranstad). Es el caso de Edison Albarracín, un
ecuatoriano que lleva 15 años en España, y que entregó su currículum
hace una semana. Por trabajar durante 10 horas cobra 90 euros. “Por lo
menos tengo una oportunidad para ganar algo de dinero después de llevar
más de dos años en paro”, explica este operario vecino de Ascao, casado y
con dos hijos. “La pena es que no sabemos cuánto va a durar. Tenemos un
contrato de fin de obra y estaremos aquí hasta que se acabe de limpiar
Madrid o se solucione el conflicto”, añadía esta madrugada.
La madrugada se ha presentado en la capital especialmente
desapacible. A las bajas temperaturas se ha unido un viento que
acrecentaba la sensación de frío. Los operarios han ido protegidos con
gafas y con todo tipo de ropas para aguantar las bajas temperaturas como
gorros y pasamontañas. Las cuadrillas han avanzado despacio dada la
gran cantidad de desperdicios que había tirados en las calles. En las
vías más pequeñas solo han entrado camionetas contratadas para la
ocasión. “Yo he venido gracias a un compañero que me ha llamado. Me
dedico a recoger papel y cartón y esto es algo conocido para nosotros”,
comentaba el conductor de un pequeño camión, Víctor Manuel Ramírez, que
ha trabajado de cuatro de la madrugada a once de la mañana. “No sabemos
lo que durará esto”, matizaba a renglón seguido.
Los camiones se han llenado con especial rapidez. Las calles han
acumulado miles y miles de kilos de basura de todo tipo, en especial en
algunos puntos, como los alrededores de los contenedores. “Tira, tira
para adelante y que todo lo que hay aquí se lo lleve el camión de atrás
que es más grande”, gritaba a las seis de la mañana un operario de
Tragsa en la calle del Ave María, en pleno Lavapiés. Cuando los
vehículos estaban repletos, han salido escoltados por los coches
policiales hasta los puntos de encuentro, donde había tráilers para
recoger la mayor cantidad posible de suciedad. En otras ocasiones se han
utilizado otro tipo de camiones, los que iban cargados con
contenedores. Estos se han dedicado a las calles más anchas, como ha
ocurrido en la plaza de Tirso de Molina. Estos han ido directamente al
vertedero de Valdemingómez, lo que retrasaba la limpieza unos 20 minutos
hasta que regresaba el camión al lugar.
Las calles tras el paso de las brigadas no han quedado limpias. Tan
solo se acababa con los puntos más grandes, ya que otras zonas como los
bordillos o los lugares cercanos a las fachadas de los edificios
continuaban con suciedad.
Poco a poco, un sol radiante ha roto la oscuridad de la madrugada. Su
llegada ha estado acompañada de un mayor frío y de la apertura de los
negocios. “Es una vergüenza cómo han dejado todo esto. Los turistas se
han marchado y nos han dejado sin clientes en una zona tan emblemática
como es El Rastro. Como el pasado sábado fue festivo, hubo dos días
seguidos y la plaza se llenó de desperdicios. Los visitantes preferían
irse a otros puntos como Toledo o Segovia, por lo que ha mermado mucho
el negocio”, protestaba Raúl, el dueño de una cafetería en la plaza de
Cascorro. Un vecino de la zona se ha declarado “indignado” y con ganas
de echarse a llorar por ver a su ciudad, como madrileño de pro, con un
aspecto tan deplorable: “No es justo que Madrid, con lo que es, tenga
que dar esta imagen tan deplorable”.
La llegada del sol ha hecho que la ciudad ganara en personas por la
calle. A las diez de la mañana unos diez operarios se han afanado en
dejar el inicio de la Gran Vía sin suciedad, mientras cuatro policías
municipales vigilaban desde sus coches. A los pocos minutos, se han
desplazado a la plaza de Vázquez de Mella, en pleno barrio de Chueca,
que estaba hecha un auténtico estercolero. En ese momento, 17 operarios
han llenado en menos de cinco minutos un contenedor con toda clase de
desperdicios y basura acumulada. Hablar de separar para reciclar en ese
momento resultaba una utopía. Después continuaron por el resto de la
plaza, que estaba regada de botellas y de vasos, entre otros restos de
basura.
Fuentes municipales han explicado que el dispositivo se mantendrá
hasta que la ciudad quedé bastante aseada o los trabajadores cesen la
huelga. Como muy pronto estos servicios, trabajarán hasta este lunes.
“Con este servicio de limpieza el Ayuntamiento solo está cubriendo los
servicios mínimos fijados y que se han incumplido de manera sistemática
desde el inicio de la huelga indefinida. El servicio se mantendrá hasta
que los paros queden oficialmente desconvocados”, han señalado estas
fuentes. Eso supone que los 200 operarios de Tragsa y más de 600
policías municipales estarán a pleno rendimiento hasta que se ponga fin a
los paros que hoy cumplen su día número 13º.

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