“Es un problema de contaminación grave de las aguas subterráneas”,
respondía el pasado mes el consejero de Territorio y Sostenibilidad,
Santi Vila, a una pregunta parlamentaria del PSC. Vila se refería al
emponzoñamiento por nitratos de los acuíferos catalanes que, según la
Agencia Catalana del Agua (ACA), con datos del pasado año, afecta a 20
de las 53 masas de agua subterráneas, un 38%. Pero si a este problema se
le suman otros contaminantes, como el cloroetileno, el arsénico y el
cloruro, las masas que no cumplen los estándares de calidad alcanzan las
25, un 47%.
Los acuíferos que excedieron el pasado año los 50 miligramos por
litro de nitratos —límite que la Organización Mundial de la Salud
recomienda no superar— se localizan en las principales zonas de
producción agraria (Lleida, Cataluña Central, Plana de Vic, cuencas del
Manol y Muga, Vallès y Baix Penedès), pero también en el Besòs y
Terrassa.
La ACA reconoce que es “la actividad agrícola y las explotaciones
ganaderas intensivas, con un especial efecto por exceso de abonos, quien
hace que parte de estos se acaben incorporando a las aguas
subterráneas”. El 87% de los nitratos que llegan al agua provienen de la
actividad agraria. Una gran parte de los excrementos del ganado, sobre
todo porcino, se utiliza para el abono de los terrenos agrícolas. En el
último lustro el número de cabezas de cerdo ha aumentado en un 20%,
hasta casi siete millones.
Desde la organización ecologista Grupo de Defensa del Ter aseguran
que el problema no es el número de cerdos, sino la gestión. En los
últimos años, denuncian, “se han multiplicado las explotaciones
intensivas, que no son como los pequeños ganaderos, que velan por el
entorno”.
El problema del exceso de nitratos en las masas de agua viene de
lejos. Desde 1998 hasta 2009, la Generalitat, a instancias de la Unión
Europea, ha declarado 12 “zonas vulnerables”, el 33% de la superficie de
Cataluña. Esta designación limita el uso de abonos con nitratos a 170
kilogramos por hectárea. “Los grandes explotadores de cerdos no lo
respetan”, afirman desde la organización.
La ACA asegura que la principal consecuencia del exceso de nitratos
en el agua “se produce en las captaciones de agua para el abastecimiento
público”, ya que el 70% de Cataluña depende de las aguas subterráneas.
El problema se agrava en las poblaciones, generalmente del interior, que
no disponen de fuentes alternativas, y no pueden consumir el agua
corriente durante algunos periodos del año. La agencia gastó en siete
años casi 40 millones de euros en “mejora y sustitución de
abastecimientos” afectados por el exceso de nitratos.
Josep Mas, hidrogeólogo del Instituto Catalán de Investigación del
Agua (ICRA), sostiene que la contaminación por nitratos en la tierra “es
fácil de limpiar, pero en los acuíferos el contaminante sedimenta y
puede estar siglos”. Descontaminarlos costaría “muchos millones”,
alerta.
La Generalitat trabaja para mitigar los efectos de los excrementos
porcinos con el Plan Estratégico de Fertilización Agraria y Gestión de
las Deyecciones Ganaderas en Cataluña (2013-2016). Uno de sus puntos
apunta a la flexibilización en la cantidad de nitratos que se pueden
usar en las zonas vulnerables. “En Italia y Bélgica que ya lo hacen, y
si finalmente se lleva a cabo será con el permiso de la UE”, afirman
desde el Gobierno catalán.

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