Un estudio refleja que los ciervos eran sensibles a los
efectos del cambio climático hace 22.000 años, es decir sus áreas de
refugio quedaban restringidos al sur de Europa en épocas frías, mientras
que estaban en el norte cuando ascendían las temperaturas.
El informe, publicado por la revista científica Molecular Ecology,
está coordinado por la investigadora del Instituto de Arqueología de la
Universidad de Tel-Aviv (Israel) Meirav Meiri, y cuenta con la
participación del director del Instituto de Investigaciones
Prehistóricas de la Universidad de Cantabria, Manuel González Morales.
Los trabajos se han llevado a cabo con el ADN mitocondrial de
muestras de ciervos localizados en toda Europa, en los últimos 40.000
años, según informa la Universidad de Cantabria en un comunicado.
El estudio indica que antes del último máximo glacial (hace unos
22.000 años) los ciervos que ahora habitan en el suroeste de Europa y
Oriente Medio, llegaron a alcanzar tierras del norte, siempre en épocas
con altas temperaturas, ya que durante el frío intenso se quedaban en la
Península Ibérica, los Balcanes y, posiblemente, Italia.
Ya en el máximo glacial -unos 18.000 años atrás-, estos animales se
expandieron desde el sur de Europa a Gran Bretaña, Bélgica,
Escandinavia, Polonia, Alemania e, incluso, Bielorrusia.
Sin embargo, el estudio señala que no sobrevivieron en el noroeste
europeo, pero sí que fueron después reemplazados por otros ejemplares
que volvieron a emigrar desde el sur, al final de la era glacial.
El informe cuenta, además de con los profesores de la Universidad de
Tel-Aviv y Cantabria, con investigadores del Museo de Historia Natural
de Londres y de las universidades de Oxford, Londres y Bournemouth.

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