Los Everglades, el mayor humedal de Estados Unidos, afrontan el
proyecto de restauración ambiental más costoso de la Historia con el
reto de eludir dos amenazas, la presión humana y el cambio climático, y
salvar un santuario natural del que depende el agua que beben 7 millones
de personas.
La Sociedad de Periodistas Ambientales (SEJ) acaba de celebrar en
Miami su Congreso anual centrado en conocer las controversias del plan
de recuperación de este Parque Nacional, que se extiende desde el lago
Okeechobee hasta el sur de la península de Florida.
Los Everglades representan el humedal subtropical más extenso del
hemisferio norte, a pesar de que el urbanismo y otras actividades
humanas lo ha limitado al 20% de su extensión original.
Sus campos inundados y sus bosques de manglares (rojo, negro y
blanco) son garantes de que el estado de Florida disponga de agua dulce,
además de la conservación de ecosistemas únicos, por la combinación
climática caribeña y norteamericana, y vitales para aves migratorias y
especies en peligro como el puma de Florida.
El crecimiento de la población de Florida y de las infraestructuras
llevaron al Congreso americano a declarar los Everglades Parque Nacional
en 1947; a ampliar el área protegida hasta los 6.000 kilómetros
cuadrados en 1989; y a aprobar el plan de restauración ambiental más
caro de la Historia en el año 2000: 20 billones de dólares para 69
proyectos a ejecutar en 30 años.
El "Río de la Hierba" cuenta con los mayores títulos de salvaguarda
internacional: Reserva de la Biosfera, Patrimonio de la Humanidad e
Importancia Internacional Ramsar.
Son las mismas declaraciones que posee un humedal español, Doñana,
"de similar valía e idénticas amenazas", subrayaba Robert Johnson,
director de Recursos Naturales del Sur de Florida.
"Como en Doñana, el único recurso de los Everglades es el agua que
almacena de la lluvia; y el gran problema, también de forma coincidente,
es que al humedal solo llega entre el 20 y el 30 % del agua que debería
llegar", apunta Johnson.
¿Dónde se queda ese 70-80 % que no fluye desde el lago Okeechobee
hacia el Sur? Una red de 2.500 kilómetros de canales y diques, y 125
estructuras para el control del agua la absorben para el consumo humano
y, sobre todo, para las plantaciones de azúcar y las 7 plantas de
producción energía del entorno.
"En ocasiones las estructuras que controlan el flujo de agua
permanecen cerradas y el agua no llega a bajar a los ecosistemas; y en
otras, se abren inundándolos y contaminándolos con todo tipo de
nutrientes de la agricultura", señala Dawn Shirreffs, gerente del
programa de restauración de los Everglades.
Este hecho hace que la clave de la regeneración de los Everglades
esté en agua, "y eso significa tres cosas: almacenar durante la estación
lluviosa; limpiarla y eliminar las barreras que impiden que ese agua
fluya de norte a sur", resume Shirreffs.
Esas tres funciones en torno a las que se articulan hoy las decenas
de proyectos de restauración que llevan a cabo los gobiernos federal y
estatal, en colaboración con científicos y ONGs, "las hacía de forma
propia el humedal, pero las barreras y la contaminación impiden ese
proceso natural", apunta Stephen Davis, portavoz de la Fundación
Everglades.
A esas amenazas se han unido las consecuencias del cambio climático,
especialmente la subida del nivel del mar -25 centímetros en los últimos
50 años-, que ha inundado de agua salada los pantanos y acuíferos de
los Everglades.
La previsiones apuntan a una subida del nivel del mar de entre 46 y
64 centímetros en los próximos cien años, y los científicos coinciden en
que la única solución "es restaurar el flujo de agua dulce".
Entre las acciones que ejecutan para lograrlo están la compra de
tierras a las azucareras; acuerdos con agricultores para que el agua se
limpie en sus propias fincas y la devuelvan depurada; o la elevación de
casi 18 kilómetros de la carretera que cruza el humedal: Tamiami (une
las ciudades Tampa y Miami).
Los ecologistas denuncian, sin embargo, que "este el esfuerzo de
restauración se contradice con las ayudas a la industria azucareras; la
cesión gratuita de agua a las eléctricas; o el escaso esfuerzo de
Estados Unidos por frenar el cambio climático".
¿Qué sentido tiene entonces una inversión para la restauración? Los
Everglades tienen a tantas personas e instituciones trabajando en su
contra como a su favor; y a estas últimas no les cabe duda de que salvar
este humedal "es un examen" no solo para Estados Unidos sino para la
humanidad.

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