Se trata de niños y bebes de ambos sexos, cuyas edades van desde recién
nacidos a los tres años, y que fueron enterrados en parejas dentro de
cestas funerarias alrededor de una torre.
Todos se encontraban en una sola tumba, en la que se halló una lámina
de oro como parte de un atuendo y restos de vasijas. Sobre el pecho de
cada uno de los infantes había una piedra de material volcánico, además
estaban acompañados de ofrendas de animales, cerámicas como cántaros,
platos y restos de comida.
"Los rostros de los niños están dirigidos hacia el este, por donde sale
el sol, todos tienen el cráneo alargado por un tratamiento previo",
informó Eduardo Arisaca, uno de los arqueólogos que dieron con los
restos.
Los investigadores creen que pertenecían a la cultura Kolla, que
gobernó en la región entre los años 1200 y 1450. Según indica la
iconografía de los objetos de cerámica hallada en los entierros, los
sacrificios de los niños se habrían producido en un contexto de guerra.


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