Expertos geólogos afirman que los numerosos seísmos
registrados en la costa de Castellón y Tarragona se deben a la
"sismicidad inducida" por el proyecto Castor, provocada por la inyección
de gas en la roca, aunque no hay consenso acerca de sus riesgos y
evolución.
Desde el comienzo del proyecto Castor para la construcción de un
almacén subterráneo de gas natural que asegure el suministro de un
tercio del consumo de gas del Estado durante 50 días, se han registrado
más de 300 seísmos en la zona de la costa levantina.
El potencial riesgo de los seísmos, que han alcanzado un valor máximo
de 4,2 grados de intensidad en la Escala Richter, motivó la decisión
del Ministerio de Industria del pasado 26 de septiembre del cese
temporal de las inyecciones.
Una decisión "muy acertada", ya que reduce las probabilidades de que
se produzca un terremoto mayor, ha declarado a EFEverde el presidente
del Colegio de Geólogos, Luis Suárez.
Este experto ha explicado que el almacenamiento se realiza inyectando
el gas en "una roca caliza", que funciona como "una esponja,
absorbiendo el fluido por los poros".
La roca acumula energía de manera natural por los procesos de dinámica de la Tierra, que se libera a través de ondas sísmicas.
La intervención del factor humano, con inyecciones de gas en un
reservorio que, "además se encuentra próximo a fallas", provoca
terremotos que, no obstante, suelen ser de muy baja intensidad.
"Es esperable que se produzcan seísmos cuando el terreno se somete a
presión", ha afirmado Suárez, pero es un hecho "absolutamente
excepcional" que se produzca un terremoto de 4,2 grados de intensidad en
la Escala Richter.
En términos similares, Luis González de Vallejo, catedrático de
Ingeniería Geológica de la Universidad Complutense de Madrid, ha
explicado que la presión a la que se inyecta el gas en el antiguo
yacimiento petrolífero de Amposta (Tarragona), situado a 1.750 metros de
profundidad, es "muy elevada", lo que "siempre" provoca fracturas en la
roca.
Además, ha apuntado el catedrático, la "sismicidad inducida" o
"creada donde antes no la había" por las inyecciones en la roca pro
duce
cientos de terremotos, que suelen tener un techo de 4,3 grados Richter.
Por tanto, González de Vallejo ha manifestado su "incomprensión" ante
"la sorpresa del Gobierno" por la aparición de estos seísmos.
La correlación "perfecta" entre inyecciones y sismicidad es "algo que
se sabe" desde los años 60, ha indicado, por lo que las
administraciones "deberían haber previsto que iba a suceder y haberlo
controlado".
El experto ha destacado también la "posibilidad" de que se produzcan
"pequeños deslizamientos submarinos", debido a las características
geológicas del Delta de Ebro.
Por otra parte, la organización Ecologistas en Acción ha señalado que
este proyecto pone en evidencia "el grave riesgo de las actuaciones en
el subsuelo" y citan, como ejemplo de potenciales amenazas, otras
practicas como la fractura hidráulica o "fracking".
"Estamos totalmente desarmados en nuestra capacidad para controlar
los posibles efectos, a corto y medio plazo, del comportamiento de las
rocas subterráneas", han advertido.
La organización ecologista ha pedido la paralización del proyecto
Castor y que se tome en consideración el riesgo de movimientos sísmicos
como argumento a favor de las energías renovables.

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