Las profundidades de la Tierra son complejas y están compuestas de múltiples capas.
Hoy,
una nueva investigación publicada en la revista especializada Nature
Geosciencesda nuevas pistas sobre cómo la Tierra podría haber tomado
forma y construido su núcleo.
Un grupo de científicos, dirigido
por la profesora de Stanford Wendy Mao, han demostrado cómo el hierro
fundido se cuela entre las rocas a más de 1.000 km por debajo de la
superficie para formar un núcleo metálico.
Usando sofisticadas
imágenes de rayos X, los investigadores observaron el metal sometido a
intensas presiones, apretujándose entre las puntas de pares de
diamantes.
Los resultados del estudio sugieren que el núcleo de la
Tierra no se formó en una sola etapa, sino que se fue desarrollando
fruto de una complicada secuencia a través del tiempo.
Manto de cerámica
Las
rocas que forman los cimientos de nuestras ciudades o las piedras sobre
las cuales construimos nuestras vidas proveen a la sociedad de las
materias primas para su subsistencia: metales, combustible, agua y
nutrientes.
Sin embargo, estas rocas no son más que una parte de la delgada capa geológica externa del planeta.
Si
siguiéramos a Julio Verne en su viaje al centro de la Tierra, en la
primera mitad del camino -unos 3.000 kilómetros- veríamos una
composición química dominada por sólo tres elementos.
Oxígeno, silicio y magnesio -además de algo de hierro- representan más del 90% del manto 'de cerámica' de la Tierra.
Eléctrica
y térmicamente aislante, el manto es como una frazada de lana de roca
que rodea al núcleo. Los minerales del manto son la parte pedregosa del
planeta. Pero a medida que profundizamos en este viaje, las cosas
cambian repentina y drásticamente.
Con más de la mitad de la
aventura por delante, se cruza una frontera del manto de piedra en el
núcleo metálico. Este es inicialmente líquido en sus tramos superiores y
luego sólido en el camino directo hacia el centro de la Tierra.
La química también cambia: el hierro separado forma casi todo el núcleo en la densa esfera interna de la Tierra.
El
límite entre el núcleo metálico y el manto rocoso es un lugar de
extremos. Físicamente, el núcleo externo metálico líquido de la Tierra
es tan diferente al manto rocoso que lo recubre como lo sería el océano
al fondo marino, tomando un ejemplo más cercano a nuestra superficie
terrestre.
Se podría (casi) imaginar un mundo invertido de
tormentas y corrientes de flujo de metal al rojo vivo en el núcleo
externo fundido, latiendo a través de canales y suelos 'océanicos'
invertidos en la base del manto.
El fluir del metal en la parte
exterior del núcleo le da a la Tierra su campo magnético, nos protege de
los bombardeos de tormentas solares, y permite que la vida florezca.
Como el núcleo de la Tierra se produjo ha desconcertado a los científicos terrícolas durante muchos años.
Los
experimentos con mezclas de minerales de hierro y silicato, cocinados
en laboratorios, muestran que el hierro se encuentra en pequeñas masas
aisladas dentro de la roca, quedando atrapado y fijo en las uniones
entre los granos minerales.
Gotas de hierro
Esta observación
ha llevado a la idea de que el hierro es separado sólo en una etapa muy
temprana del planeta, cuando la parte superior del manto rocoso era muy
caliente y estaba fundida.
Se cree que las gotitas de hierro
cayeron a través de un océano de magma al rojo vivo y se ubicaron en su
base, descansando sobre la parte sólida más profunda del manto.
A continuación, se hundieron impulsados por la gravedad a través del manto sólido para finalmente formar un núcleo.
Sin embargo, el trabajo de Crystal Shi y Wendy Mao presenta un panorama diferente.
'Sabemos
que la Tierra hoy en día tiene un núcleo y un manto que se diferencian.
Con una mejor tecnología, podemos ver diferentes mecanismos de cómo
esto se produjo', dijo Mao.
Usando intensos rayos X para sondear
las muestras mantenidas a extrema presión y temperatura, apretadas entre
las puntas de cristales de diamante, los investigadores hallaron que
cuando la presión aumenta marcadamente en el manto, el hierro líquido
comienza a mojar las superficies de los granos minerales de silicato.
Esto
significa que los hilos de hierro pueden unirse y comenzar a fluir en
arroyos a través del manto sólido, en un proceso que se conoce como
percolación.
También significa que el hierro puede empezar a
segregarse si las rocas son lo suficientemente profundas, incluso si el
manto no es un 'océano' de magma.
'Con el fin de que la
percolación sea eficiente, el hierro fundido tiene que ser capaz de
formar canales continuos a través del sólido', explicó Mao.
'Los
científicos habían dicho que esta teoría no era posible, pero ahora
nosotros estamos diciendo que, bajo ciertas condiciones que sabemos que
existen en el planeta, esto sí pudo pasar. Entonces, volvemos a otra
posible explicación de cómo se podría haber formado el núcleo'.
'Estos
nuevos datos sugieren que no podemos asumir que la formación del núcleo
fue un acto simple, de una sola etapa. La formación del núcleo fue un
proceso complejo, con muchas etapas, que debe haber tenido una
influencia igualmente compleja en la posterior la química de la Tierra',
le comenta, Geoffrey Bromile, de la Universidad de Edimburgo , quien no
participó en el estudio, a la BBC.
'Su modelo de percolación
profunda implica que la formación temprana del núcleo sólo puede
iniciarse en grandes planetas. Como resultado, la química de la Tierra
puede haber sido reajustada por la formación del núcleo, de forma
marcadamente diferente a la de planetas y asteroides más pequeños'.
Los
resultados estuvieron supeditados a los últimos avances en imágenes 3D
de muestras minúsculas utilizando potentes aceleradores de electrones de
sincrotrón que generan intensos haces de rayos X.
Al igual que en las imágenes médicas, este tipo de experimentos revelan las propiedades a nanoescala de minerales y fundidos.
Sin
embargo, también hacen posible una nueva comprensión de cómo los
grandes objetos, como los planetas, se forman y evolucionan.
Bromiley
y sus colegas están investigando la influencia de otros factores en su
formación, tales como la deformación que los asteroides y otros cuerpos
podrían haber experimentado en sus caminos caóticos a través del Sistema
Solar.
'El reto ahora es encontrar una manera de modelar los
numerosos procesos de formación del núcleo para entender su cadencia e
influencia posterior en la química no sólo de la tierra, sino también de
los otros cuerpos rocosos del Sistema Solar interior'.


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