En la teoría sociológica se habla del framing o encuadre en referencia a los esquemas mentales que los individuos y los grupos utilizamos para interpretar la realidad
ECOticias.
¿De segunda mano o vintage? ¿Independiente o hipster?
¿Reciclado o tuneado? Que utilicemos una expresión u otra dependerá,
muy probablemente, del contexto o marco interpretativo de la situación,
lo que los sociólogos denominan framing. Muchos de los
problemas ambientales globales o, mejor dicho, la comunicación de estos
problemas o, aún más, la percepción pública de estas cuestiones se debe
analizar desde su encuadre.
En la teoría sociológica se habla del framing o encuadre en
referencia a los esquemas mentales que los individuos y los grupos
utilizamos para interpretar la realidad. Este concepto de la sociología
constructivista vendría a asumir que la realidad se entiende de
acuerdo con las percepciones y significados que atribuimos a un
determinado fenómeno.
Así, el cambio climático, por ejemplo, no se podría considerar una
realidad social o problema social hasta que se construye socialmente
como tal, es decir, hasta que los individuos y grupos sociales lo
interpretan como problema, más allá de lo que puedan decir colectivos
"externos" como podrían ser determinados grupos científicos. Para hacer
esta interpretación cada individuo o grupo recurrirá a los
significados, representaciones mentales y simplificaciones de la
realidad que le permitan decodificar el hecho.
El framing es una estrategia muy utilizada en comunicación
tanto en sentido positivo como negativo. Y aquí podemos retomar los
ejemplos puestos arriba. Comprar y usar objetos y ropa de segunda mano
puede ser una necesidad derivada del contexto de crisis económica y
necesidad de ahorro, o puede ser "tendencia". En este segundo caso, se
utiliza la expresión vintage que, aparte de ser una palabra inglesa, queda más cool
y se asocia inmediatamente a una actitud contracultural, moderna ,
provocadora y estilosa, claramente distanciada de cualquier drama ligado
a la pobreza. Si la ropa u objeto no son ni de segunda mano ni vintage
sino reciclados, entonces la representación mental sobre el individuo o
grupo en cuestión puede cambiar ya no visualizamos a una persona con
dificultades económicas que se ve obligada a recurrir a bancos de ropa o
alimentos, ni imaginamos alguien que escucha un determinado estilo
musical y frecuenta un tipo concreto de locales de ocio, sino que
probablemente retratamos alguien con ideales ecologistas y actitud de
movilización pública y habrá quien incluso añada un perro y una flauta
al retrato. La comunicación, el lenguaje, sirve para manipular nuestra
interpretación de la realidad ya condicionada, de antemano, por nuestros
valores, cultura, ideales .
La investigación ha mostrado que la aceptación social de un
determinado problema ambiental como tal problema depende en gran medida
de los contextos culturales y marcos. Esto permitiría explicar por qué
algunos problemas ambientales han resonado en seguida en la sociedad y
otros, en cambio, no. El agujero de la capa de ozono sería un ejemplo
de los primeros y el esquema interpretativo sería el miedo (Ungar ,
95). El cambio climático, en el otro extremo, por su invisibilidad y
efectos a largo plazo (incluso en dos o tres generaciones según
diferentes posturas científicas) no lo ha tenido tan fácil para ser
construido como problema ambiental global urgente. De hecho, se ha
descubierto que la baja implicación o compromiso con el cambio
climático no sería debida a la falta de conocimiento científico , sino
más bien a la falta de una determinada filosofía o valores de grupo .
Así lo ha investigado Dan Kahan, profesor de derecho y psicología en
la Facultad de Derecho de Yale. Kahan parte de la distinción entre "
individualistas" y "comunitaristas". Los primeros son aquellos que
creen que las personas deben ser responsables de su propio bienestar y,
por tanto, se resisten a la regulación o el control del gobierno. En
este marco cultural y de valores, los individualistas tenderían a
minimizar los riesgos del cambio climático más allá de la evidencia
científica. Los segundos darían un papel más importante a los gobiernos
y otras entidades colectivas para asegurar el bienestar de las
personas y tenderían a desconfiar de la actividad comercial que podría
hacer de freno a medidas de reducción de emisiones de CO2.
En sus estudios apunta que las personas tienen una predisposición,
en base a sus valores y compromiso emocional con la información, para
comprender el cambio climático de una manera determinada. De entrada,
hay que reconocer que nos vemos obligados a aceptar como buena mucha
información científica que no podemos obtener por nuestra cuenta. No es
de extrañar, pues, que confiemos más de la información que proviene de
fuentes que asimilamos como familiares o cercanas a nuestros esquemas
ideológicos y de valores .
En última instancia , buena parte de las decisiones informadas que
tomamos no se basan directamente en lo que dicen los científicos sino
que provienen de datos que han pasado por múltiples intermediarios. En
un experimento , Kahan evalúa la aceptación o no del cambio climático
como problema urgente en diferentes grupos de personas. Un grupo lee
una noticia sobre nuevas regulaciones para la reducción de emisiones de
CO2 y otro grupo lee una noticia sobre un avance tecnológico en geoingeniería que permitiría reducir las emisiones de CO2
. El grupo que leyó esta segunda noticia se mostró más implicado con el
tema del cambio climático y también resultó menos polarizado respecto a
sus esquemas de valores, ya fueran individualistas o comunitaristas.
La conclusión a la que llega Kahan es que la comunicación sobre
cambio climático - y científica y ambiental en general- recibe mejor
aceptación, con independencia del framing, si es positiva y alentadora y
menos si es amenazante. Simplificando al extremo, vendría a ser como
concluir que apetece más comprar en un mercado vintage que ir a un banco de ropa de segunda mano para vestirse.

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